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Revista Digital Hacemos  /  Somos

¿Existe un espacio donde un diseñador teatral, una actriz, un dramaturgo y una directora de teatro puedan hablar en una misma mesa de lo que implica su trabajo? Hoy si y es momento de usarlo.

Cami León fue a ver “Los tristísimos veranos de la princesa Diana”, obra de la compañía de teatro La Niña Horrible, escrita por Carla Zúñiga y dirigida por Javier Casanga. 

 

Alexis Acuña fue a ver “Diatriba el desaparecido” de Juan Radrigán, dirigido por Rodrigo Pérez en GAM. 

 

Katya J. escribe sobre “Muerte y explosión de un anarquista chileno”, obra que se presentó en Teatro Sidarte.

 

Alejandra Araya fue a ver “Los profesores” al Teatro Sidarte y esta es su opinión sobre una obra cuya “ligereza no permite dimensionar la gravedad del problema”. 

La dictadura marcó el fin de un proceso de desarrollo de más de dos décadas de consolidación profesional y formación de un teatro nacional cuyo origen se remonta a, al menos, treinta años antes con la fundación de los llamados teatros universitarios.

 

Iván Insuza escribe sobre la emergencia del Teatro Documental, la relación entre teatro y documento y la necesidad de pensar sus usos en nuestro contexto teatral. 

Sebastián Pérez fue a ver “Tratando de hacer una obra que cambie el mundo (el delirio final de los últimos románticos)”, segundo montaje de la afamada compañía La Re-sentida, que se re-estrenó en Matucana 100. 

Primero como género, luego imaginario cultural. El melodrama ha estado presente en Latinoamérica desde sus inicios republicanos y hoy dos investigadoras, Soledad Figueroa y Javiera Larraín, nos cuentan de su transformación y del libro “Esperame en el cielo, corazón. El melodrama en la escena chilena de los siglos XX – XXI”.