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El auriga Tristán Cardenilla: cuando el padecimiento se disuelve en levedad

Alejandra Araya fue a ver “El auriga Tristán Cardenilla” al Teatro Finis Terrae. La obra, original del escritor chileno Alfonso Alcalde, es adaptada al teatro por Tryo Teatro Banda y La Trompeta. 

 

Las compañías Tryo Teatro Banda y La Trompeta se unen para regresar con la adaptación del cuento “El auriga Tristán Cardenilla” del escritor chileno Alfonso Alcalde. Con la dirección de Sebastián Vila, co-fundador de La Trompeta, la obra vuelve después de 20 años de su estreno, en conmemoración de los 25 años de la muerte de Alfonso Alcalde, presentándose en el Teatro Finis Terrae hasta el 02 de julio.

Tristán Cardenilla era un auriga, viejo oficio que se difundió a lo largo del siglo XIX chileno y que se relacionaba con la domadura de caballos en el campo, labor propia de sujetos del sector popular de la sociedad.

Para Tristán y Popea, su esposa, la seguridad de un oficio significaba una gran oportunidad para salir de la miseria en que vivían, pues no tenía un hogar propio, tampoco dinero y pasaban hambre con frecuencia. Desde la primera escena, el acordeonista ciego nos da a conocer aquella situación, cuando aparece cantando canciones que retratan el padecimiento de la pareja, repitiéndolo a lo largo de toda la obra. Sin embargo, cuando Tristán decidió gastar todos los ahorros en un caballo, rompiendo el acuerdo que tenían con Popea de comprar un terreno con ese dinero, la situación de miseria se acentúa aún más.

Tras la nueva adquisición, Tristán advirtió la reacción de Popea, ya que en la puesta en escena este comentaba a “su caballo” de la discusión que se desencadenaría con ella al llegar a casa. Y aunque Popea recriminó a Tristán que apenas tenían comida para ellos y menos tendrían para alimentar al caballo, aceptó el argumento de Tristán, quien afirmó que con el caballo aseguraban un “vehículo” para vender mercancías y trasladarse con mayor facilidad por los poblados del campo chileno.

Así, entre cantos y bailes al estilo juglaresco de Tryo Teatro Banda, aparecen Tristán, Popea y el caballo celebrando y bebiendo, como aferrándose al buen porvenir que se avecinaba tras la nueva adquisición… Pero, precisamente en estos pasajes de “alegría” frecuentes, es que se pierde el argumento del cuento de Alfonso Alcalde.

Resulta confuso que Tristán afirme aquel discurso, pues a lo largo de la obra se lo muestra en una relación de amistad y complicidad con el caballo; era su amigo, su compañero, no su vehículo comercial. Y por sobre todo, era su “amigote” de juerga, un caballo pícaro, que bebía junto a Tristán, que escuchaba sus lamentos de pobreza, su soledad, su incomprensión en un mundo hostil y miserable, en el que la cantina era el mejor lugar para olvidar el hambre.

Probablemente, dada esta relación de estrechez entre Tristán y su caballo, es que este último se representa en un cuerpo humano que lleva una cabeza de caballo sobrepuesta. De esta manera, el caballo se muestra casi como un actor más dentro de las escenas, con plena movilidad y diálogo. Pero esta representación hubiese sido más significativa si se hubieran transmitido las penurias que se logran percibir en el cuento de Alcalde.

Tristán y su caballo aparecen errantes recorriendo las calles, caminando los pasos hacia quién sabe dónde, entre risas y llantos, entre la gloria y la tristeza, hasta que un día Tristán ya no tenía dinero para seguir bebiendo y decidió vender su caballo para así seguir bebiendo en la cantina. Este es el desenlace en que en la puesta en escena, Tristán pierde toda posición de infortunio: ahora tenía dinero por lo que llegando a la cantina exclamó “¡yo invito!” lanzando los billetes recién adquiridos al aire, pidiendo brebaje para todos quienes se encontraban en el lugar.

Luego de una riña que se desencadena por el acoso hacia la esposa del dueño de la cantina, Tristán se ve envuelto en un crimen en el que apuñala a un hombre, debiendo pagar con la pena de muerte. Entonces debe elegir si condona sus pecados con un cura católico o con una evangélica protestante. Este último episodio se envuelve en una crítica a las manipulaciones de poder de la religión, pero a la vez se presenta como un momento que nos desvía del argumento central, pues los religiosos mantienen una discusión que roza la superficialidad y la inconexión con la esencialidad de la historia del auriga.

Si bien Alcalde finaliza el cuento con la muerte natural del caballo de Tristán, en un ambiente de tristeza y soledad, Tryo Teatro Banda y La Trompeta crean otro final donde el auriga termina su vida con una “ascensión” simbólica al cielo.

El estilo juglaresco de Tryo Teatro Banda forma parte de una impronta original, reconocida en el medio. Sus numerosas obras que rescatan episodios de nuestra historia nacional, cuya finalidad es aproximarse a las realidades pasadas con una frescura musical, se conservan con gran valor en el imaginario colectivo. Sin embargo, en El auriga Tristán Cardenilla se pierde la reivindicación del sujeto popular, pues a lo largo de la obra se lo muestra con una levedad que está presente todo el tiempo entre los bailes, la risa y música. Si bien, el dolor de Tristán se percibe desde la butaca, es inmediatamente interceptado por la ridiculización de su padecimiento, combinación que no obedece a la sutileza que sí logra Alcalde en el cuento, con un argumento sólido que despliega esa tristeza, soledad y hambre, con matices armónicos de picardía y humor.

Obra vista durante junio de 2017.

Ficha Artística

Compañía Tryo Teatro Banda y La Trompeta

Dirección: Sebastián Vila

Adaptación: Sebastián Vila y Ximena Carrera

Producción general: Carolina González

Elenco: Claudia Sánchez, Daniela Ropert, Alfredo Becerra, Eduardo Irarrazábal, Diego Chamorro, Javier Bolívar, Francisco Sánchez y Sebastián Vila

Música: Francisco Sánchez

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Licenciada en Historia, Magíster (c) en Historia, investigadora