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Surinam: el viaje del héroe en pixeles y technicolor

Soledad figueroa fue a ver “Surinam” de Los Contadores Auditores, una obra que nos muestra a un joven subtitulador de series web que debe emprender un viaje para encontrar a su padre. La obra se presenta en Matucana 100 hasta el 28 de mayo. 

 Por Soledad Figueroa

  

Surinam, ese país chiquitito, “el compañero rechazado del curso”,  ese lugar indeterminado y multicultural… Surinam, ¿qué es? Surinam, obra teatral escrita por Juan Andrés Rivera y dirigida por Los Contadores Auditores, nos cuenta nuevamente una vieja historia de los albores de la humanidad. Se trata de una fábula arquetípica y siempre renovada de la búsqueda del padre como símil de la construcción o comprensión de la propia identidad. Una identidad hoy globalizada, propia de esta época líquida que nos antecede y nos envuelve en esta era del vacío, parafraseando al filósofo francés.

En Surinam la construcción de la identidad comienza a ensamblarse desde el pastiche: la cantidad de estímulos abunda y abruma, en una suerte ya no de cita sino de paroxismo de la imagen pop, siendo antes que barroquismo, el rococó de la generación millennial. Dicha identidad se concretiza de manera interesante tanto en la música como en el vestuario (aunque este último no dialoga de manera orgánica con el espacio sumamente amplio y alto de la Sala Principal de Matucana 100).

Con referencias a series contemporáneas de éxito global como Game of Thrones, Breaking Bad, The Big Bang Theory, Mad Men y Stranger Things que se mezclan con una banda musical en vivo de indios norteamericanos -que en realidad son latinoamericanos- Surinam desarrolla el conflicto central de la obra: la búsqueda del tío exiliado de Sócrates, quien pronto sabemos, resulta ser su padre que lo abandonó por la situación política de Chile en dictadura. Se suma a esta historia troncal, el cáncer del padre que en realidad era su tío, y que nunca fue tan padre para –aparentemente– no imponer su modelo humano a Sócrates.

En este periplo, el protagonista conoce al joven dueño del lugar de hospedaje, un chileno representante del patriarcado (simbolizado por una imagen de Carlos Larraín –su padre- al estilo Lichtenstein), pero que a su vez apoya la lucha feminista, sin necesariamente darse cuenta de su lugar.

En esta especie de delirio, Sócrates sufre amores y desamores que lo llevan a perderse y a reencontrarse (o más bien encontrarse) con su verdadero padre, quien se hace pasar por refugiado árabe vestido de Osama Bin Laden [Mohamed] con las Torres Gemelas pintadas en su vestuario. En ese punto, la obra entra en un torbellino de descubrimientos que revuelven cada vez más todas las temáticas expuestas.

Algunos de los elementos ya mencionados, como el uso de las series para ejemplificar las tribulaciones de Sócrates o la crítica al patriarcado desde el patriarcado en boca del supuesto hijo de Carlos Larraín, -quien simplemente repite lo que lee en sus libros tras su reclusión autoimpuesta-, tocan aquella dimensión propuesta en torno a utilizar la parodia como crítica a las instituciones y/o personas que repiten un modelo sin cuestionamiento.

Sin embargo, hay otros elementos -como el del exilio del tío-padre, los refugiados provenientes de mundo árabe, la dictadura chilena, etc.- que quedan simplemente como anécdotas. Esto dice relación con lo planteado por los mismos creadores: el concepto de dramedy que se presenta como una especie de fusión entre tragedia y comedia, tratando de ejemplificar las vicisitudes de la presente generación. Pero la obra queda al debe con lo trágico pues todos aquellos momentos que invitan a una reflexión crítica más profunda, son antes enunciado y forma, más que en encarnación y desarrollo del problema en cuestión.

Surge entonces la pregunta, ¿cuál es su punto de vista dentro de esa burla? ¿Desean hacer una crítica desde lo risible de estos temas? Y es que se entiende la idea crítica, pero no adquiere la potencia que cuestiona lo establecido.

Cabe destacar de la puesta en escena, el modo de dar cuenta sobre lo no dicho –como los ataques de histeria o felicidad de Sócrates o el subtexto en los diálogos de pareja proyectado en los subtítulos– un aporte para mostrar lo que Sócrates reprime. No obstante, no queda claro qué se desea en términos actorales ¿utilizar solo la presentación de los roles o jugar también con el tránsito entre presentación y vivencia de las problemáticas de cada personaje?

Tal es el caso de Sócrates, donde el camino entre la presentación del rol más tipo a uno donde la emoción pasa por el actor, deja la sensación de intermitencia en su accionar. Esto no sucede por el estilo utilizado sino más bien por la no radicalidad de este tránsito (entre los momentos más eufóricos u ‘externos’ a los momentos más crudos como el cáncer del padre) y por la no unificación en términos actorales de todos los actantes.

Surinam parece decirnos que la búsqueda de la identidad en tiempos del territorio desterritorializado, apunta a que el yo se construye donde realmente queramos o podamos hacerlo. No es un lugar y no es la sangre, es aquel punto de conexión que decidamos entablar. Se trata de una afirmación válida, aunque parcial, pues la obra no logra construir una mirada crítica de la identidad propuesta debido a que pareciera no terminar de entender el fenómeno en su profundidad.

Queda la duda entonces, si los lugares donde se evidencia la escisión entre forma y contenido, son una manera de mostrar el vacío identitario de la sociedad de hoy o si esto responde a elecciones más bien escénicas que reflexivas. Sea cual sea la opción tomada, sería necesaria más radicalidad y unificación tanto en la forma (estilo) como en el fondo (discurso).

Visto en primera temporada en el marco del ciclo Teatro Hoy 2017.

Ficha Artística

Dirección: Los Contadores Auditores

Dramaturgia: Juan Andrés Rivera

Asistencia de dirección: Carla Casali

Elenco: Jaime Omeñaca, Elvis Fuentes, Jaime Leiva, Benjamín Bravo, Jacinta Langlois, Francisca Muñoz

Diseño: Integral Felipe Olivares

Producción: Evelyn Ortiz / Martina Valladares

Creación Audiovisual: Sebastián Pereira

Música: Rocío O’Shee, Loreto Ríos, Daniel Marabolí, Octavio O’Shee

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¿Cuándo?

Sala Principal Matucana 100

Ju – Sa 20 hrs.

Do 19 hrs.

Hasta el 28 de mayo.

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