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Beben: el trecho del terremoto físico al ético

Cami León fue a ver “Beben” de Guillermo Calderón, última puesta en escena del Ciclo Teatro Hoy de FITAM. La obra, que relata los avatares de los voluntarios de una ONG en el sur de Chile durante el terremoto de 2010, es el primer montaje no dirigido por el dramaturgo chileno.

Por Cami León.

 

Beben significa terremoto en alemán, y terremoto significa un movimiento brusco de la corteza de la tierra. Como todo movimiento genera un cambio, este deja al descubierto lo que estaba tapado en profundidad. Y es que la pieza escrita por Guillermo Calderón nos plantea un teatro político que reflexiona sobre la catástrofe, específicamente del terremoto y el tsunami del 2010 en nuestro país.

La crisis social, política y económica que ocurre tras las catástrofes naturales,  hizo que la creación fuese hecha a petición del Teatro Alemán Düsseldorfer Schauspielhaus citando el material narrativo del escritor Heinrch Von Kleist y su obra romanticista inspirada en el terremoto de Chile en 1647.

La obra de Kleist fue publicada en 1807 mientras que la de Calderón fue estrenada en abril del 2012 en Alemania. Actualmente, en el marco de Teatro Hoy 2017, se estrenó por primera vez en Chile en el teatro del Duoc UC bajo la dirección de Antonia Mendía.

Beben nos narra la historia de cuatro voluntarios alemanes de una ONG que llegan al sur de Chile a colaborar con la catástrofe. Ellos, se hacen pasar por italianos ya que su nacionalidad podría traerles problemas debido al referente histórico de la Colonia Dignidad, asentamiento fundado en 1961 al sur de Chile por un exmilitar nazi.

El conflicto comienza cuando la líder de la ONG, Anna, se percata que hay una niña llorando afuera del establecimiento. Anna, busca explicaciones en sus compañeros ya que son ellos quienes asisten a los niños con juegos y terapias grupales.

La puesta en escena comienza con un video proyectado en el dispositivo escénico que representa la carpa donde los voluntarios viven. Además, existe una franja horizontal ubicada en lo alto del escenario que sirve para la proyección de subtítulos.

La dramaturgia de Calderón es fragmentada, con un recurso dialógico de la stichotimhia, donde la puntuación y la sintaxis son evidentes. Esto permite que no exista desarrollo de argumento o reflexiones ya que no busca ahondar en subtextos o emociones que complejicen el actuar de los roles sino, permite generar un discurso a través del juego teatral, el distanciamiento analítico y reflexivo de los actores, la directora y los espectadores.

El sonido es de una naturaleza expectante. La llegada de los actores y el inicio del texto adentran a un imaginario actual, donde la realidad de los voluntarios relata de manera sombría y delirante la idea de que un perro tenía una mano de humano en la boca conjugándose con el conflicto de la niña llorando.

Anna busca explicaciones en un dialogo aletargado que no condice con el juego terapéutico del “Elefante Enrique”, donde el cambio de ritmo físico es abrupto y distante del vocal. Karin, María y Willi, instalan el conflicto de las mentiras ya que su versión de los hechos no tiene coherencia. Idea que posteriormente nos lleva a una problematización ética sobre los antecedentes de la obra.

Así es como interviene la estrategia hipotextual del cuento de Von Kleist cuando se revela esta narración a los niños por un personaje de la obra.
Esto significa que el recurso de la dramaturgia reinterpreta, adapta y se complementa con la historia del alemán, donde expone que el terremoto en Chile de 1647 había sido producto de una relación, casi pedofílica, entre una joven y su profesor a la cual envían a un convento y esta tiene a un bebé en las puertas de la institución.

Es aquí cuando interviene el tema de la religión para dar su juicio a través de Dios e explicación sobre una catástrofe natural. El desarrollo de la narración del cuento se torna aséptica ya que los actores entran en una monotonía tonal generando que las transiciones sean incomodas pero que finalmente  termina por acostumbrar.

Dado que es una obra discursiva, existe un excesivo respeto a la palabra que deja al debe la acción física ya que el contenido del cuento permite un juego de humor negro desbordante pero que se entiende ya que la rapidez del texto podría desordenar la composición.

Tras el desastre, se abre la dimensión del análisis a la comunidad, donde la solidaridad y la crueldad están a la orden -“…porque después de la tragedia todo es distinto” -. Los voluntarios van construyendo el vértigo que posee la historia de Von Kleist en un efecto donde la palabra es lo que se piensa y se hace, entretejiendo todo fragmentariamente.

El conflicto se va acrecentando en una discusión dialéctica donde se desenmascaran los intereses de cada uno. Representando la dicotomía entre la ayuda y la vanidad. El estigma o la representación social de la moral se tornan directos y violentos cuando se intenta demostrar una versión pesimista de la vida para –“que no duela tanto”-. La revolución y el empoderamiento social versus la apropiación del sistema neoliberal como también las reflexiones en torno a la sexualidad y la imposición de la iglesia católica en un país que fue y es conservador.

La palabra de Calderón se transforma poéticamente política, y permite al espectador un libre pensamiento con respecto a los hechos.

A través de monólogos se hace una referencia real de hechos políticos e históricos pasados donde la colonización de los mapuches, la desigualdad y desamparo social tras el maremoto, los saqueos, la tragedia mediatizada desde la esperanza como también la brutalidad y violencia de la iglesia y el nihilismo aparente de la vida.

La obra logra instalar las reflexiones planteadas pero es el tratamiento es tan correcto que no subvierte ni levanta un discurso propio como compañía. El final es artificioso y tímido, no muestra la locura que intenta exponer el autor y deja una sensación de resolución práctica.

Finalmente, Beben de Calderón es una genialidad intrépida y audaz que proporciona una mirada crítica para re-articular el imaginario histórico, artístico y personal por medio de citas directas que problematizan los simbolismos éticos generando en nosotros mismos, un terremoto que sucumbe todas nuestras estructuras mentales.

Obra vista durante julio de 2018.

Ficha Artística

Dirección: Antonia Mendía Oliver
Dramaturgia: Guillermo Calderón
Elenco: Paloma Toral, Priscila Huaico, April Gregory, Khaled Darwich
Asistente de Dirección: Bárbara Bodelón
Diseño escenográfico y vestuario: Juan Anania
Iluminación: José Luis Cifuentes
Jefe técnico: José Luis Cifuentes
Diseño gráfico: Hugo Covarrubias
Producción: Alessandra Massardo
Universo sonoro: Rodrigo Belmar
Post-producción sonido: Tomás Arias
Fotografías y Video: María Ignacia Lorca
Asesoría teórica: Katharina Eitner

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