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DIE ODYSSEE: Ítaca no tiene ya nada que darte

En el marco del 25º Festival Internacional Santiago a Mil, llega a Chile el director chileno-alemán Antú Romero. La primera obra que presentará en Chile el director residente del Thalia Theater es una adaptación del clásico de Homero, “La Odisea”. Claudia Vanesa Figueroa escribe este texto en el marco del Taller de Crítica Teatral organizado por el #LabEscénico del Festival Santiago a Mil.

 

Por Claudia Vanesa Figueroa

 

¿Cómo saber cuándo has llegado a Ítaca? ¿Es Ítaca como la imaginaste? Die Odysee eine irrfahrt nach homer, del director Antú Romero no cuenta ya la historia de las grandes hazañas y aventuras de Ulises, no. Romero nos cuenta la historia de La Odisea después de Homero. Difícilmente reconoceremos el clásico poema épico en esta puesta en escena; nos encontramos, más bien, frente a los hijos del héroe, quienes se reúnen el día del funeral de su padre.

Esta situación, desarrollada en código cómico, genera una atmósfera de rivalidad que nos divierte y conmueve: tenemos la sensación de estar frente a dos infantes que compiten inocentemente por el reconocimiento de ser el hijo más digno del ausente padre. De ese modo, y en reiteradas ocasiones, Romero se apoya en efectos cómicos para sostener, con un fluido ritmo, la historia de estos dos hermanos.

Sin embargo, este recurso eventualmente se gasta; la narración entonces se rompe y aquel lenguaje inventado, en el que se comunicaban los hermanos, se abandona. La vida en el escenario cambia completamente: la atmósfera ahora es siniestra y violenta, y la música toma parte protagónica ante la ausencia del lenguaje.

Die Odysee continúa oscilando entre la realidad ficticia del funeral de Ulises y una realidad alterna en la que se encarnan absurdas imágenes generadas, tal vez, por el consumo de marihuana y los miedos y fantasías que los hijos tienen sobre la leyenda de su padre.

Hay, dentro de la decisión de renunciar a la palabra hablada, una renuncia también a la formulación de un discurso. La agencia de Romero se limita a la construcción de imágenes. De ese modo, delega al espectador la responsabilidad de significarlas.

En las situaciones cómicas, sea quizá más homogéneo el entendimiento del subtexto y la secuencialidad del drama, pero, cuando se abandona la comunicación verbal y se abre paso a lo puramente visual, las lecturas de los asistentes pueden resultar bastante disimiles; más aún si se toma en cuenta que el conocimiento del texto clásico original varía entre los presentes.

La Odisea que Romero nos propone no implica únicamente una reflexión sobre la muerte, ni es genuinamente una cavilación sobre la ausencia paterna. Die Odysee más bien se centra en el patetismo en el que derivó la prole del héroe Ulises.

En palabras de Homero: “Pocos, en efecto, son los hijos iguales a su padre; la mayoría son peores y sólo unos pocos son mejores que su padre”. Vemos entonces a un resentido y medianamente fuerte Telémaco, hijo de la fiel Penélope; y a un Telégono, hijo de la gran diosa y hechicera Circe, reducido a un triste mago de fiesta infantil.

La puesta en escena juega con estos patéticos personajes: ellos pueden hacernos reír, pero conmovernos también. Quizá el momento más sensible sea la conversación que tienen los hermanos con sus niños interiores y el vacío absoluto que los une a esta vida: un momento que tiene tanto de gracioso como de desalentador; deja entrever la sensibilidad y fragilidad que poseen estos dos que luchan para demostrar su masculinidad. Le toca al espectador decidir: reír o compadecer.

Die Odysee es así, juega entre la fantasía y la realidad, entre la caricia y la violencia, y te hace comprender para luego confundirte, pero, siempre con una mirada nostálgica al pasado y al triste resultado en el que terminaron los antiguos grandes relatos de gloria.

Recordamos entonces aquel poema que escribiera Constantino Cavafis apropósito de la odisea: “Ítaca te brindó tan hermoso viaje. Sin ella no habrías emprendido el camino. Pero no tiene ya nada que darte”.  Aquella sensación de nostalgia reina la obra de Romero: estamos en Ítaca y no es lo que esperábamos.

Podría esa ser la reflexión final: el sinsabor de una monumental serie de esfuerzos y risas que terminan por construir un momento vacío, como la vida. O, más bien, como la vida cuando la muerte te explota en la cara.

Obra vista en enero de 2018.

Imagen: FITAM.

Ficha Artística

Director Antú Romero Nunes

Dramaturgia Matthias Günther

Elenco Thomas Niehaus, Paul Schröder

Diseño escenográfico y de vestuario Jennifer Jenkins, Matthias Koch

Música Johannes Hofmann

Colaboración musical Max Kühn

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