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Karl Marx: año zero: parodia de un mundo sin discursos

Consuelo Salamiá fue a ver “Karl Marx: año zero” de Benjamín Galemiri a Matucana 100. La obra dirigida por Hedriun Breier se presenta como una parodia a la figura histórica de Marx.

 

Por Consuelo Salamiá

 

Algo tiene la figura de Karl Marx que sigue provocando una cierta fascinación. Es tal vez por el enigma de su pensamiento o la curiosidad por conocer al autor intelectual de revoluciones. Es por el clamor de quienes temen un Chile marxista ¡incluso hoy! O por quienes aún sueñan una transformación secretamente en marcha entre las clases marginadas. Es Marx, siempre Marx, como un mito omnipresente en nuestro inconsciente colectivo, recordatorio de aquello que pudo ser.

Tal vez esa es la ironía del tiempo que intenta abordar Karl Marx: año zero, del dramaturgo chileno Benjamín Galemiri: una obra que se presenta por momentos como una sátira política del filósofo alemán que va dando cuenta de una decadencia del personaje en el transcurso del relato, y sobre todo, de la denigración del político chileno de izquierda, preocupado por participar en absurdos late show de televisión que ya nada tienen que ver con las ideas que alguna vez escribió Marx.

La obra comienza con seis estrados: en cada uno de ellos hay un personaje de la vida de Karl Marx, que al mismo tiempo funciona como escenario de un debate presidencial, en donde Marx, se erige como favorito.  Aunque su vestimenta y modo de hablar dan cuenta del tiempo histórico del filósofo –la Prusia de 1830 o el Londres de 1850– los personajes a menudo adoptan el lenguaje político del Chile actual, con algunas referencias a la izquierda latinoamericana y el desprecio a la derecha.

Luego, propone un repaso por la vida de Marx, que se representa como una película de masas, dirigida por un personaje vestido de Spiderman. De ese modo, los pasajes de la vida íntima de Marx –el verdadero Marx– se van confundiendo con los episodios políticos de este candidato presidencial chileno, que es torpe, poco ambicioso y demasiado machista, que deambula por las calles de Valparaíso, de Talca, que bebe hasta quedar curado y tiene una mujer que le lava los pies.

Todo el relato es tratado con humor e ironía, haciendo guiños a elementos de la cultura pop, como la canción Imagine, de John Lennon, utilizada como jingle de campaña, o las pancartas que por momentos simulan un set de televisión o un spot de la franja electoral. En ese sentido, es brillante la actuación de tres cantantes líricos, que acompañan toda la obra desde lo alto de una gran tarima, aportando humor e ironía al espectáculo de la política, juego de jingles y ambiciones personales.

Karl Marx: año zero quiere hacer evidente ese montaje.  Pero no asume ninguna postura política. Más bien se trata de ridiculizar la avaricia del poder y la triste situación en la que nos encontramos, atrapados entre dos relatos –el capitalismo/marxismo, la historia/contra historia– pero sin una salida posible. Esto deja a los personajes sumidos en la desesperanza, bebiendo hasta quedar borrachos.

Lo entiendo, razones tenemos. Pero me quedo con la sensación de que algo falta. No nos estamos burlando de la figura de Karl Marx –o del marxismo– con argumentos sólidos y bien estudiados, nos estamos burlando de la figura del político y sus falsos discursos. Pero tener una postura frente a las ideas de Marx o no, sigue siendo una definición importante, incluso si uno ha perdido la fe en la humanidad y la política. ¿O es exactamente lo mismo el marxismo que cualquier otra ideología?

Aceptar esta afirmación puede ser superficial, porque los matices sí son importantes, incluso para comprender la propia filosofía de Marx, que es mucho más que la lucha de clases. Entiendo que la obra quiere hacer evidente que los discursos están manoseados, que vivimos en una época que ha perdido la confianza en las ideologías y en la política. Que para ganar una elección, basta con elegir un buen jingle y aprenderse algunas frases de Marx. Lo entiendo. Pero tampoco podemos quedarnos sólo en eso. Me gustaría saber qué piensan verdaderamente los personajes de Karl Marx y su filosofía, o del capitalismo y su filosofía. Que se burlen del juego político, pero que lo digan.

De lo contrario, Karl Marx: año zero sólo se queda en la parodia. Aunque hay elementos muy buenos –como los monólogos de los personajes femeninos, y cómo se burlan de la sociedad “patriarcal”– me quedo con la sensación de que falta mayor atrevimiento para definir puntos de vista. Porque como ellos mismos proponen al final de la obra, el problema no está resuelto y ellos “vendrán por nosotros”. En algún momento habrá que quebrar el silencio de Marx frente al estrado y pronunciar un discurso.

Ficha Artística

Dramaturgia: Benjamin Galemiri
Dirección: Heidrun Breier
Elenco: Samantha Manzur, Gonzalo Muñoz Lerner, Ivan Parra, Eduardo Herrera, Emilia Cadenasso y Rodrigo Lisboa
Diseño Integral: César Toro
Música: Pablo Aranda
Asistente de dirección: Gonzalo Durán
Producción: Gian Reginato

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