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Los profesores: ¿subersivos?

Alejandra Araya fue a ver “Los profesores” al Teatro Sidarte y esta es su opinión sobre una obra cuya “ligereza no permite dimensionar la gravedad del problema”. 

La compañía El aplauso matemático estrenó su último trabajo en el Teatro Sidarte, con funciones entre el 23 de agosto y 9 de septiembre de 2017. La obra Los profesores, propone un argumento “subversivo” impulsado por cuatro profesores que enfrentan la Evaluación Docente Metropolitana (EVADOME).

Con una puesta en escena que entremezcla un juego de iluminación y una mesa con un par de sillas, los cuatro profesores conversan sobre la injusta situación laboral que viven, y de cómo los ofende la evaluación docente inminente. La profesora de historia del grupo, emulando a su madre, quien también fue profesora en otra época, propone un plan para rebelarse en contra de la aplicación de la evaluación docente.

Según recordó esta profesora, su madre le había comentado en alguna ocasión: “Te imaginas qué pasaría si los profesores cambiaran los contenidos que enseñan como una forma de protesta?”. El boicot consiste en enseñar a los alumnos materia incoherente y cruzada, con el objetivo de desprestigiar la EVADOME, puesto que así, los estudiantes responderían erróneamente las preguntas de contenido que componen la evaluación docente.

El plan lo programaron con tiempo, aún contaban con algunos meses para hacer el experimento con los alumnos. Según el relato de la obra, los cuatro profesores se reúnen cada cierto tiempo a comentar cómicamente cómo es que desvirtúan los contenidos durante sus clases. Uno de ellos, el profesor de biología relata que enseña “los movimientos del estómago” con una demostración corporal, articulando movimientos abdominales a torso desnudo en plena clase. La profesora de lenguaje enseña a sus alumnos que el Quijote de La Mancha se escribió en la primera mitad del siglo XX, entre otros ejemplos que demuestran el absurdo de lo que están enseñando.

Cada vez que los cuatro profesores se reunen a contar sus experiencias en el aula, surgen risas y burlas como también el cuestionamiento del profesor de filosofía, quien se muestra reticente al plan, afirmando que es una locura que no funcionaría. Sin embargo, este profesor adoptó el plan y lo practicó.

En sus reuniones, los profesores se mofan de las tergiversaciones que enseñan, y a momentos, cantan y bailan performances que dan cuenta del tinte cómico de la obra, pero estos quedan totalmente desconectados y distan del argumento central supuestamente reivindicativo, debilitando el honor de los profesores, que se sostiene como matriz discursiva esencial de la obra.

El desenlace de la obra cobra importancia cuando ya realizada la evaluación, paradójicamente el colegio galardona a los profesores por “crear un método de enseñanza-aprendizaje novedoso en el aula”. Frente a este resultado, los profesores manifiestan su descontento, protestando para reivindicar su función social como educadores: “Tan desprestigiado está el sistema educacional, que premia un método lleno de incoherencias y errores de contenido?…”. La situación los descoloca, pues claramente no era lo que esperaban.

Tras los resultados de la evaluación, entra en escena un apoderado del colegio, que irrumpe con agresividad, amenazando a los cuatro profesores y apuñalando a uno de ellos. Se ha enterado de los contenidos cambiados que había aprendido su hijo. Ante la situación, los profesores asustados ruegan al apoderado que no les haga daño, asumiendo la equvocación de su plan.

Esta escena demuestra la importante figura de poder que ocupan los apoderados en el entorno educativo, sobre todo en la actualidad, y al mismo tiempo muestra la vulnerabilidad de los profesores en aquel ambiente. En este sentido, es posible percibir el rol del apoderado como un cliente, que paga por la educación de su hijo, en una lógica que comprende al rubro como un servicio y no como un derecho universal garantizado, en el que el cliente exige al prestador, en este caso al profesor y/o colegio.

Sin embargo, la forma en que se transmite esta problemática, instala a los profesores como sujetos profundamente pasivos y no como actores influyentes en la historia de la educación chilena. ¿No era ese el argumento central de la obra?: reivindicar el rol social y educativo de los profesores en Chile?

Entendiendo que, al fin y al cabo, la obra es una comedia negra, cabe preguntarse, ¿hasta qué punto es eficaz abordar la problemática docente con risas, y con un plan “subversivo” profundamente superficial? Basar el argumento de la obra en una situación fantasiosa, ¿logra crear un efecto de crítica y conciencia social entorno al problema docente?

Si la base discursiva de Los profesores es promover a estos actores como agentes activos, lúcidos y revolucionarios, que emprenden una estrategia para desestabilizar el sistema educativo actual, la comedia negra mal balanceada entre seriedad y humor, no crea eficiencia ni impacto, sino más bien superficialidad, pues instala a los profesores en una situación de ineptitud social-política para organizar un plan reivindicativo resistente y funcional. Parece paradójico, pero el estilo de la comedia negra puede llegar a crear aquella inestabilidad discursiva, por lo que es crucial en ella cuidar la sutileza entre el humor y la gravedad.

Claramente el fin de la obra es el momento de mayor lucidez, pues el desenlace deja al descubierto la crisis actual que sufre el sistema educacional en Chile, mostrando un episodio evaluativo de total incongruencia por parte de los fiscalizadores. Sin embargo, el argumento de Los profesores carece de solidez, mostrando un discurso “subversivo” débil y liviano, que plantea la situación que viven los profesores con una ligereza que no permite dimensionar la gravedad del problema.

Obra vista durante septiembre de 2017.

Ficha Artística

Dirección: Nathalia Galgani Farías

Dramaturgia: Amparo Saona Ríos

Diseño escenográfico: Rodrigo Ruiz Jofré

Diseño audiovisual: Catalina Cerda Ceresuela

Diseño de iluminación: Ricardo Gutiérrez Rivas

Diseño de afiche: Alonso Reyes Monje

Realización escenográfica: Francisco Sandoval

Producción: Laura de la Maza Martínez, Anneli Huber Arnholt

Elenco: Felipe Arce Silva, Phillipe Barnett Montalva, Macarena Lagos Torres, Carolina Munitiz Navarrete, Eduardo Vásquez Vásquez.

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Licenciada en Historia, Magíster (c) en Historia, investigadora