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El antojo de cambiar de sexo

Fuimos a ver Romeo Prisionero, una versión libre de Romeo y Julieta dirigida por el actor y director Felipe Ríos con un elenco sólo de varones que plantea que el amor es transversal al sexo.

 

Romeo y Julieta, uno de los clásicos más grandes de la dramaturgia universal, cuenta la historia del amor imposible entre los personajes que dan nombre a la obra, ambos pertenecientes a dos poderosas familias enemistadas en las tierras de Verona. Amor adolescente, amor imposible, amor pasional y fraternal, todos ellos presentes en la gran tragedia del dramaturgo inglés William Shakespeare, que tiene más puestas en escena de las que podemos contar.

Hoy en Santiago, particularmente en la Sala Jorge Díaz del Teatro de la Universidad Finis Terrae, un grupo de actores ponen en escena la obra de Shakespeare bajo la dirección del actor Felipe Ríos, que según sus propias palabras trabaja en la puesta en escena “una historia de amor homosexual” pues Romeo y Julieta “son hombres que se encuentran, se miran, enamoran y luego pasa la gran tragedia que conocemos”.

Si bien el elenco parece disfrutar el trabajo y la oportunidad de poner en escena la obra del dramaturgo inglés, finalmente no construyen ningún hito trágico. Por el contrario, todos los momentos de la obra quedan atrapados por el texto, sobre todo en los actores que encarnan a Romeo y Julieta, quienes no son capaces de levantar el amor más que en dulzuras más bien ligadas a estereotipos que radican en el manejo de un tono vocal, pero no de su cuerpo, pues este no se activa ni se modifica con el texto, perdiéndose el sentido de lo que se quiere decir. Porque el texto de Shakespeare no es solo poesía de amor romántico, esconde otros matices más profundos aquí ignorados.

La decisión calculada de elegir un elenco masculino para interpretar la obra es más bien antojadiza, puesto que el ser hombres no modifica en absoluto las esencias de los personajes de Shakespeare: Julieta sigue siendo una adolescente tierna y frágil, la Ama posee todos los lugares comunes posibles para que un hombre se burle de su suegra; Pedro, solo por su condición de sirviente está dispuesto a involucrarse sexualmente con quien se le cruce por delante replicando el cliché del histriónico e histérico “gay loca”, absolutamente contrario a la intención del director de la obra quien afirmara para una conocida revista nacional que: “no hay que travestir a nadie, los personajes pueden ser hombres también, porque lo importante de esto es la historia escrita por Shakespeare”. Pues si no hay necesidad de travestir el cuerpo, ¿por qué se hace uso de estereotipos en la voz y los gestos de los personajes?

Por otra parte, nos mantenemos apegados a la visión desigualitaria de que las nanas son todas una viejas querendonas, los sirvientes son todos promiscuos y las mujeres son todas dulzonas e inocentes. Todas estas nociones son perfectamente cuestionables incluso desde el mismo Shakespeare quien plantea, por ejemplo, el suicidio como un escape no sólo al amor imposible, sino a la desigualdad del poder de decisión, pues Julieta por ser mujer no tiene derecho a decidir a casarse con Paris. Por el contrario, debe agradecer que un hombre como él la quiera como su esposa, hecho que en este montaje se constituye casi como una pataleta de niño sensible.

¿Amor heterosexual o amor homosexual no son lo mismo? Si plantean que son lo mismo o que son diferentes debería verse en el montaje y no estar propuesto para luego no indagar en esa visión. Finalmente la obra con su elenco de hombres no hacen más que seguir reafirmando positivamente que hay que aceptar la diferencia, que en una historia de amor da igual si es vivida por hombres o por mujeres o ambos. El tema es que se trabaja hacia el público como una obra que drásticamente decide poner a hombres en escena para decir algo más allá de aceptemonos, y eso no se logra con la radicalidad prometida.

Como se viva la sexualidad, la decisión es política. Sin embargo, en Romeo Prisionero pareciera que la decisión de cambiar de sexo responde a querer volver atractiva para el público una obra clásica, pues el recurso de utilizar un elenco solo de varones no parece tener que ver con que haya algo que decir, más cuando los mayores instantes de tensión se detectan cuando dos personas se besan apasionadamente en una sala donde hay gente mirando y digamos abiertamente, no hay peligro en eso.

Romeo Prisionero, discute un tema contingente sin cuestionar ni hacerse cargo de las problemáticas sociales que abre. Dejándonos con pura espectacularidad donde los gays se visten de traje a la medida, están impecablemente peinados y hablan de amor y matrimonio cuando estas problemáticas no se pueden reducir al amor.

Ficha Artística

Director: Felipe Ríos C.
Elenco: Francisco Dañobeitia, Benjamín Bou, Cristóbal Aldea, Cristián Seve, Luis Felipe Castillo, Juan Pablo Auger, Tomas Roche, Sebastián Daga, Diego Belmar, Nicolás Varela, Farid Lazen, Felipe Ríos C.
Producción general: Felipe Ríos C.
Asistencia de Dirección: Cony González.
Diseño gráfico: Andrés Lennon Sabatini.
Fotografía: Simón Pais.

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Actriz. Diplomada en Gestión Cultural por la U. De Chile.