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S.U.B…C.E.R.O: regresión sensible

Fuimos a ver S.U.B…C.E.R.O. de la compañía Tercer Abstracto. Estamos frente a una obra que propone una investigación en el cruce entre Artes Visuales y Teatro, dando como resultado una puesta en escena que apuesta, con cuestionables resultados, a privilegiar la percepción y los sentidos.

 

S.U.B…C.E.R.O. es el último montaje de la compañía Tercer Abstracto que se propone establecer cruces entre dos campos, el teatro y las artes visuales, a partir del trabajo del Kazimir Malevich, pintor soviético ineludible en la historia del arte por jugar un rol similar a Duchamp y sus Ready-Made,  pues mientras el artista francés buscaba remecer conciencias en un campo que había museificado el arte (por eso pone un urinario en un museo), Malevich buscaba cuestionar la idea de un arte figurativo (es decir, enclavado en la tradición mimética) para producir una nueva sensibilidad alejada de la representación de la naturaleza. De ahí su “Cuadrado Negro sobre Fondo Negro”.

Dicho esto, resulta obvio que la decodificación de la obra exige al espectador que siga pensando (y estudiando) la obra posteriormente. De ahí la pregunta ¿De qué modo se podría trabajar con la compleja obra de Malevich desde el teatro si hoy, después de cien años, el teatro sigue siendo pura representación?

Pues bien, uno de los objetivos que se plantea S.U.B…C.E.R.O. es dar cuenta del contexto de producción en el que vivió el pintor soviético. Para ello elabora una historia que servirá, además, como sostén narrativo de la obra mostrándonos el devenir de triángulo amoroso en plena época de postguerra e instalación del nuevo orden soviético en Rusia.

Dos hombres, Anton y Kazimir, se debaten por el amor de una mujer, Irina, quien a la luz de la sangre derramada en la guerra y como previendo en el horizonte el lugar que ocupará la libertad de los sujetos una vez hecha la revolución, renuncia a amar mientras ello sea dirigido por algo más que su propia voluntad.

Ahora bien, esta ficción narrativa en realidad continúa en la órbita de la representación, pues a pesar del revestimiento de capas de abstracción -en buena parte gracias al dispositivo escénico, diversas sonoridades, y un particular estilo de composición dramática-, lo que persiste es un ejercicio mimético actualizado a nuestra época.

Por ello la obra plantea dos caminos bien definidos desde donde trabajar con Malevich: uno es a través de la construcción de un dispositivo escénico que hace referencia permanentemente al artista ruso, desde el diseño de la caja blanca donde transcurre la obra (paneles blancos que se deslizan y abren) hasta el uso de softwares de animación digital que citan textos del pintor, colorean con precisión el espacio y demarcan los movimientos de los actores.

El otro camino es a través de algo llamado “dramaturgia perceptual”, una estrategia de composición dramática que busca tomar distancia de su propia tradición, lo que supondría en términos generales, el desplazamiento de la literalidad del espacio escénico para dar lugar a las sensaciones, emulando el desplazamiento suprematista desde lo mimético a una especie de abstracción perceptual.

Estos no supondría el abandono del texto, sino más bien su orientación hacia la producción de sensaciones donde lo que sucedería sería, por ejemplo, el reemplazo de la acotación tradicional por un tipo de “acotación sensitiva”.

En cualquier caso resulta que la obra, al explicitar su interés por la exaltación de lo perceptivo, restablece un antagonismo con aquello que debiera ser lo opuesto. ¿Qué sería esto? Todo parece indicarnos que se trataría del binomio sensibilidad/racionalidad, donde la premisa sería establecer un nuevo proceso receptivo donde lo que prime sea, justamente, una lectura sensible.

Pero tal idea no sólo no es novedosa, sino que también es regresiva pues lo que trae de vuelta es una discusión en blanco y negro respecto de las formas en que percibimos el mundo, que supone, podemos desactivar emociones y/o procesos racionales a voluntad, como si ambos finalmente no estuvieran atajados en un mismo cuerpo y un mismo sujeto.

S.U.B…C.E.R.O. se presenta como una obra ambiciosa, cuya disposición por ir al encuentro de otras disciplinas es un valor, sin embargo las pretensiones de la obra terminan superando su propia capacidad para organizarse material y discursivamente en el cruce propuesto. El riesgo de todo esto es que su novedad artística se transforme prontamente en un lenguaje formal, hermético y autorreferencial.

Ficha Artística

Dramaturgia: David Atencia Herrera
Elenco: April Gregory, Juan Anania, Jorge Ortiz
Música Pablo Serey Zúñiga
Investigación Pablo Cisternas Alarcón
Realización Manuel Morgado, Gonzalo Hurtado
Animación digital Alejandro Godoy
Operación Benjamín Villalobos, Camila Villegas, Diego Hernández
Asistente de dirección Rocío del Pino Lobos
Dirección David Atencio Herrera.

¿Cuándo?

Funciones

Vi-Sá  20.30 hrs
Do       20.00 hrs

Lugar

Teatro Camilo Henriquez

Precios

General $5000
Estudiantes $2500

 

¿Dónde?

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Actor, Universidad Mayor. Magíster © Teoría e Historia del Arte U. de Chile.