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El hombre de arena: las fantasías de la infancia

Luisa López fue a ver “El hombre de Arena” al Teatro del Puente. La obra del Colectivo Bestia se propone indagar en el texto de E.T.A Hoffman a partir de la adaptación del texto homónimo en manos de Ronald Heim.

Por Luisa López Fuentes

La lectura de una carta, en la acción de El hombre de arena, dispone al espectador a viajar hacia la infancia, a años muy lejanos, incluso hasta tierras que no nos pertenecen. Esta ficción que tiene sus orígenes en Berlín, se presenta por estos días en el Teatro del Puente. El Colectivo Bestia es el encargado de presentar una puesta en escena realizada a partir de la adaptación de un cuento de terror de E.T.A. Hoffmann, titulado igual que la obra, y adaptado, en esta ocasión, por el dramaturgo nacional Ronald Heim.

Nathaniel, el protagonista, relata parte de su niñez vinculada a un ser que, contenido en las historias que le leyeron antes de dormir, significó para él noches de desvelo. Fue su madre quien le contó a Nathaniel la fantástica historia de El hombre de arena. Estas historias anunciaban que el extraño ser aparecería y tiraría a los ojos del niño un puñado del material del que estaba hecho, lo que provocaría que el muchacho cerrara los ojos de inmediato, para luego dormir. Pero esta ficción, montada por los relatos de su madre, no haría más que espantar aún más el sueño del niño, puesto que lo llevaba a quedarse atento al destello que daba la luz por la puerta entreabierta.

De fondo, la música del violín acompaña a los relatos de cada uno de los personajes (Nathaniel, Clara y Lotario), lo que contribuye a generar una atmósfera oscura, que da cuenta de la peligrosidad en la que vivía el protagonista, producto de que esa misma infancia, que había estado acompañada por personajes ficticios, había tenido un triste desenlace que no era parte de ningún cuento y lo afectaba directamente: la muerte de su padre. Este hecho provocó que él mismo construyera una ficción en torno a esa pérdida, la cual generaría un trauma que terminaría con el protagonista imaginando situaciones alejadas de realidad.

De esta forma se construye una ficción dentro de la ficción, apreciada sólo por Nathaniel. Pero solo gracias a las revelaciones de Clara y Lotario se hace consciente que Nathaniel ha creado su propia ficción. Su cotidianidad se ve alterada, y los personajes y situaciones ficticias que ha creado lo ayudan a justificar la muerte de su padre, un hecho que a su temprana edad no pudo entender.

Se vuelve crucial entrelazar las historias del hombre de arena, su padre y el señor Copelius, lo que constituye el momento en que la obra alcanza sus mayores efectos en el público, pues pese a que el principio presenta una interpretación coherente, se aprecia también levemente más plano. La acción solo encuentra su mejor momento al final de la puesta en escena.

El escenario cuenta con lo justo: tres sillas, una lámpara de pie y otra de velador, y una pequeña mesa con los tragos que toman en cuanto comienza a tener vida la acción. Recordemos que a ratos todo parece inerte, no sucede más que la lectura de la carta del protagonista, mientras el resto de los personajes esta en las penumbras. Esta situación se interrumpe solo por momentos, por medio de los quiebres que refrescan al público para que vuelva a la acción. El vestuario no se justifica, siendo un detalle que podría estar y no estar.

¿En qué año están?, es una pregunta legítima que se harían los espectadores. Si nos casamos con algo, casémonos con todo. Aún así, las intenciones por recurrir al género narrativo mediante el relato se vuelven llamativas al momento de ficcionar mundos que son distanciados de lo que comúnmente vemos en el teatro, instalando en el final la resignificación, sobre la creación y la fantasía, pues el protagonista nos da una cátedra sobre su experiencia en relación al mundo fantástico al que se vio expuesto desde pequeño, otorgándole sentido a un estado que lo condiciona a tomar una decisión que dará un giro a la historia.

¿Hasta dónde toleramos cuando descubrimos que aquello en lo que creíamos sólo era real en nuestra imaginación? Algunos lo toleran, como también otros no se resisten a la destrucción de la fantasía. Y si se me permite, referente a lo mismo, se puede ser poeta y feliz al mismo tiempo.

Ficha Artística

Dirección: Constanza Thümler
Dramaturgia: Ronald Heim
Asistencia de Dirección: Romina Meneses
Elenco: Mario Horton, Alejandra Oviedo y Felipe Ponce
Músico: Ángela Sánchez
Diseño escenográfico y gráfico: Sebastián Escalona
Diseño Iluminación: Francisco Herrera
Compositor: Daniel Salas
Producción: Francisca Ruiz/ De la Hormiga Producciones

¿Cuándo?

Funciones

21 de octubre hasta el 13 de noviembre


Vi-sá 21 hrs
Do 20 hrs

Lugar
Teatro del Puente 

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