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Demencia: el poder y la monstruosa estructura del mundo

Federico Zurita Hecht fue a ver “Demencia”, puesta en escena basada en uno de los textos del dramaturgo Jorge Díaz. Acá su opinión sobre la obra.

La obra Demencia, de la Compañía Teatral Caracoltre, está realizada a partir del texto En demencia propia, de Jorge Díaz, uno de los dramaturgos chilenos más destacados de la segunda mitad del siglo XX. La acción, que se lleva a cabo en un espacio recreado en la sala más pequeña del Teatro Sidarte, involucra a dos mujeres que interactúan en medio de una habitación en penumbras, apenas amoblada con un ropero, una cama, una mesa pequeña y dos sillas, todo enmarcado por cortinas rojas que esconden el resto de la estructura del mundo. Ambas mujeres visten igual (pantalón negro, camisa blanca y corbata negra) y solo las diferencia el uso de una chaqueta gris que, mientras avanza la acción, pasa de una a otra.

Esta disposición del mundo, desplegada con sus objetos y sus habitantes a través de la forma de un teatro posible de vincular con la estética del absurdo, participa de la articulación de las estrategias significativas de la obra, la que busca proponer que la sociedad moderna se caracteriza por una organización estructural jerarquizada en la que existen patrones y sirvientes, y que, para consolidar la dominación de quienes están en la parte alta de la estructura social, estos ejercen su poder imponiendo a los que están abajo que se enfrenten entre ellos. El resultado del mundo, señalaría esta propuesta teatral a través de la denuncia, es que, tras esos enfrentamientos, aunque se gane apenas esa batalla, persiste la derrota como forma de vida.

Para articular estos significados desde el desconcierto y el humor incómodo de un teatro que pueda denominarse como absurdo, la acción configura una serie de representaciones o niveles de realidad a partir de relaciones de contenedor y contenido. La acción avanza develando esos niveles, lo que, a su vez, permite visibilizar la estructura de poder, con sus ejercicios de violencia.

Las dos mujeres se relacionan jerárquicamente para luego mostrar, y así evidenciar la existencia de niveles de realidad, que han estado actuando. Terminada esa representación se descubre que el supuesto verdadero orden era inverso al que han actuado. Es momento que la chaqueta gris pase de una de las mujeres a la otra. En ambos niveles de realidad el lenguaje fracasa en sus propósitos comunicativos, en coherencia con las necesidades discursivas de las formas estéticas características, precisamente, del teatro del absurdo. Así, si el lenguaje participa de la construcción de la realidad, y éste es ilógico en su uso, aquella realidad es tan ilógica como la palabra que la respalda.

Pero las falsedades en la estructura del mundo permanecen en cuestionamiento mientras avanza la acción. La supuesta realidad que contenía a la representación, pierde su estatuto al develarse como un juego contenido por un tercer nivel de realidad, el que, en la delimitación del ejercicio del poder que actúa sobre las dos mujeres, se presenta como una realidad irrefutable. Este poder es omnipresente, caprichoso e injusto, y además pone a sus subordinadas a enfrentarse, tal como se ve a diario en la sociedad moderna que actúa como referente de estos discursos.

Con esto, la obra Demencia propondría que este poder es insuperable porque ha encontrado, en la confrontación de sus subalternos, la herramienta que impide que estos se levante en su contra. Pero además sugiere, tras la sumatoria de verdades que se desmoronan, que ese estado del mundo (al igual que la representación y el juego que por algunos minutos, durante el desarrollo de la acción, ostentaron el estatuto de verdad) es una falsificación de la verdad y podría desmoronarse, pero eso no ocurrirá.

Pese a que es posible identificar estas ideas a partir de lo expuesto por la Compañía Caracoltre en los cuarenta minutos que dura la función de Demencia, hay costuras en este tejido de significados que dejan hebras sueltas. La falta de prolijidad en los cortes de los audios, la simpleza del vestuario y la escenografía en su participación de la construcción de significados, y la realización de algunos turnos de diálogo fuera del espacio cubierto por la luz (lo que parece más un problema que un recurso) contribuyen a distraer al espectador de la lectura de los múltiples signos que se interrelacionan.

Podría sumarse, la falta de rigurosidad al tratar el silencio. En función de conformar, dentro de la ficción, un mundo inquietante que sea coherente con la interpretación de lo perversa de nuestra estructura social, el mundo de Demencia, que se presenta desde el comienzo como monstruoso, no se toma el tiempo para introducir la tensión y la intensidad necesaria que dé forma a un ritmo apropiado para sentir lo grotesca de nuestra estructura social. Esto no consigue que la formulación de ideas a través de una obra de teatro fracase, y sin embargo le pone obstáculos a tal propósito.

Ficha Artística

Compañía Teatral Caracoltre
Director: Luis Felipe Chávez
Dramaturgo: Jorge Díaz
Elenco: Valentina Curia y María Angélica Sánchez
Diseño escenográfico: Compañía Caracoltre
Música: Bastián Fernández
Iluminación y sonido: Gerardo Valdés
Producción: María Belén Contreras

*Fotografía Portada: Elio Frugone

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