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Editorial: la ventanilla abierta y el fondo sin fondo(s)

Los hechos son como siguen: hay una línea de concurso del Fondart Nacional destinada financiar proyectos para circular fuera del país que no tiene fondos, o más bien, que se quedó sin fondos.

La precisión anterior es necesaria pues la línea opera de manera distinta al conocido concurso anual de financiamiento que todos conocemos. En concreto, funciona como una “ventanilla abierta”, es decir, no cierra hasta que sucedan dos cosas: que llegue la fecha oficial de término de la convocatoria o que se acaben los fondos.

Y esto último es precisamente lo que ocurrió hace tan solo unos días atrás, cuando se terminaron de destinar los 470 millones de pesos para circulación internacional entre 99 proyectos seleccionados.

En estricto rigor no deberíamos sino celebrar: gracias al aumento presupuestario de 70 millones, este 2017 hay más proyectos financiados y más artistas girando. 32 para ser más exactos. Pero aunque podríamos quedarnos -tal como el CNCA- viendo el vaso medio lleno, creemos que en realidad en este tipo de materias lo más conveniente es considerar dicho vaso medio lleno y medio vacío, a la vez.

Entonces, inmediatamente tendríamos que notar algo: toda una línea debió cerrar habiendo cumplido menos de la mitad del tiempo previsto en su convocatoria. Y a causa de este prematuro cierre por “falta de disponibilidad presupuestaria”, cualquier proyecto que hubiese querido postular durante junio y en los meses venideros, ya sea porque tenía comprometida una exhibición o una gira durante el segundo semestre, deberá buscar otras fórmulas de financiamiento (incluidos créditos bancarios), consensuar nuevas fechas con la institución extranjera a donde se dirigía y repostular el mismo proyecto (arriesgándose a obtener menor calificación) o derechamente deshacer sus compromisos.

¿Y qué hay de la decena de postulantes que invirtió tiempo en construir un proyecto y se quedó sin la posibilidad de acceder a financiamiento, pese a que sus proyectos fueron evaluados incluso con puntaje perfecto?

Desde el Consejo toman todo esto con  más dosis optimismo: “Lo que está sucediendo con la Línea de Circulación está dando cuenta de un fenómeno reciente, que es el explosivo aumento de las invitaciones y de los viajes de los artistas nacionales, situación que nos alegra y nos invita a buscar nuevas formas de apoyo financiero para ellos”, han dicho en El Mostrador.

Planificar y administrar una herramienta cuyo objetivo es financiar proyectos que puedan requerir apoyo durante la temporada para tener que cerrarlo poco antes de la mitad de la fecha presupuestada a causa de la falta de fondos del fondo, podría ser considerado como un buen síntoma de desarrollo e internacionalización por parte del Estado, principal financista, sostenedor y dinamizador del mercado del arte, pero no es precisamente un éxito en lo que a políticas públicas respecta.

¿Cómo es que el agente más determinante en materia cultural no vio venir un fenómeno que está ocurriendo hace años ya en otras industrias culturales como el cine o las artes visuales? ¿Cómo luego de 25 años financiando proyectos sin proporción alguna de su uso y consumo, el Estado carece de herramientas para prever que las y los artistas buscarán espacios de internacionalización dentro de las mismas lógicas de la concursabilidad?

La política reactiva del Estado implica suministrar recursos hasta agotar stock, tendiendo a reproducir la misma dinámica de otros sectores productivos clientelares donde de lo que se trata es de atender por orden de llegada al usuario que ya sabe que siempre debe ser el primero en llegar.

Lo tremendo de todo esto es que hoy no existe otro modo de financiar la cultura que no sea a través del Estado, sus asignaciones directas a ciertas instituciones privilegiadas y los fondos concursables para todo el resto. Por supuesto que siempre habrá proyectos que encuentren recursos autogestionando o buscando en el sector privado, pero habría que notar que en materia cultural, tanto la autogestión como el aporte del sector privado ha sido sencillamente intrascendente e irrelevante. En este contexto, hacer que lo que hay funcione al menos bien, es decir, prevenir que el fondo no se quede sin fondos a medio camino, es lo mínimo que se puede exigir.

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