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Editorial: Teatro ¿Práctica o Teoría?

La pregunta es capciosa, y en buena medida da cuenta de un debate que tiene su tiempo, pero que todavía no abandona la escena: el del lugar de la teoría en el campo de las artes escénicas.

¿Práctica o teoría?, la discusión no nace acá, sino que aparece en el contexto de un mundo que todavía se organiza bajo cierta mirada teológica y esquemática (cielo y tierra, paraíso e infierno, etc.) Con todo, la discusión parecía ser pertinente en el campo del teatro, donde existe todavía una marcada diferencia entre ese primer momento de trabajo con el texto dramático, sus ideas en juego, politicidades, etcétera; y un segundo tiempo donde dicha escritura se hace carne en el cuerpo del actor/actriz.

Sin embargo, habiendo pasado suficiente agua bajo el puente, hoy dicha diferencia resulta no ser más que una abstracción pedagógica y metodológica que permite organizar, categorizar y jerarquizar los procesos de creación de una obra, pero que en ningún caso constituyen una posibilidad de entender la realidad. Dicho en simple, -y a riesgo de  parecer obvios-, no existe práctica que no esté influida por teoría y no hay teoría posible sin el análisis de una práctica artística.

La obra y su materialidad están en todo momento siendo cruzadas por afectos, ideas, emociones, ideologías, pasiones, políticas y sensaciones. Todas en relación a un cuerpo, un espacio y un tiempo que se constituye, tal como la realidad, de manera fragmentaria, simultánea, dislocada y no lineal.

Así pareciera quedar atrás la época en que resultaba raro hablar de teoría en un campo disciplinar que se autoafirmaba como eminentemente práctico. Hoy hablamos de prácticas investigativas, de instancias de cruce interdisciplinar entre creación e investigación, entre unión de universos de conocimiento estético/racional ¿Podría ser esta una buena noticia en el contexto de un modelo económico volcado a la producción y el consumo?

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