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Teatro ICTUS: “Pecamos de ser demasiado cerrados. Hoy estamos haciendo cosas que no estábamos acostumbrados a hacer”

Entrevistamos a los integrantes del teatro ICTUS para conversar sobre su presente y su futuro. Pero no cualquier futuro, porque hoy los integrantes del ICTUS -que con 60 años de actividad se convierte en una de las compañías teatrales más longevas de Latinoamérica-, piensan en la necesidad de vincular su trayectoria, su sala “La comedia” y su trabajo actual, con el medio cultural. ¿Cómo abrir el ICTUS a esta nueva época y no morir en el intento? ¿cómo evitar que vuelvan una y otra vez los fantasmas de la crisis financiera a las salas de teatro? 

La historia del teatro ICTUS es conocida: un grupo de estudiantes de la UC que en 1955 deserta de la formación universitaria y conforman una de las más importantes compañías de teatro independiente de Chile. Sin embargo, ese Chile y esa sociedad donde tuvo lugar obras como Tres noches de un sábado o Pedro, Juan y Diego ha desaparecido para siempre. Como conscientes de ello, -luego de años de silencio- durante este último tiempo el ICTUS ha iniciado un proceso de renovación en el modo de vincularse con el medio teatral y con los espectadores, inaugurando una nueva etapa llamada “ICTUS 60 años más”.

Por eso, más que conversar en esta entrevista sobre su trayectoria que incluye ser un reconocido espacio de resistencia en dictadura y de haber descentralizado la producción teatral universitaria, hablamos sobre el presente y el futuro de un teatro que busca salir de la soledad de ese subterráneo en calle Merced. ¿Cómo se piensa el ICTUS hoy y qué ve en el horizonte futuro?

– Partamos por las novedades. El año pasado obtuvieron un fondo del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes que está dedicado al fortalecimiento institucional y la gestión de su sala.

Paula Sharim (PS): Se está acabando eso sí…

– Cuéntanos más de ese fondo.

PS: Se llama “OIC”, que significa “Otras Instituciones Colaboradoras”. Es parte de un programa del CNCA que funciona con una lógica distinta a FONDART porque no hay concursabilidad. En concreto, se trata de un fondo de gestión, no de creación, que le permite al ICTUS, -en esta nueva etapa que queremos instaurar-, vincularse con otras instituciones artísticas, organizaciones sociales y hacer cosas que nunca habíamos desarrollado, como generar extensión y mejor difusión. Eso nos da un piso para poder buscar otros mecanismos de financiamiento y poder vivir más tranquilos con los gastos. Tú sabes que los teatros siempre están a punto de quebrar.

– Y me decías que se está acabando…

PS: Sí, pero nosotros esperamos que se renueve, porque en un año no se alcanza siquiera a evaluar la gestión de un proyecto de este tipo.

– Pese a ello, ¿se notan algunas diferencias entre el pasado y esta nueva etapa que quieren abrir?

PS: Si. El ICTUS está haciendo cosas a las que no estaba acostumbrado hacer. Algunas van más allá del OIC y se enmarcan en la iniciativa “ICTUS 60 años más”. Dentro de esta asociatividad que hemos buscado, está el convenio de colaboración con el GAM que se firmó acá en el teatro. Ese convenio tiene varios puntos que, fundamentalmente, buscan que haya buena colaboración entre vecinos que viven a dos cuadras. La idea es apoyarnos en la programación, en ser sede de algunas cosas, que no seamos una especie de patio trasero.

– ¿Hay planeada alguna colaboración artística?

PS: Claro, por primera vez vamos a tener un estreno fuera de la sala. La idea es hacer un cruce intergeneracional entre elencos de otros grupos y también con otros directores.

– ¿Esta disposición vino el GAM o de ustedes?

PS: Nosotros lo propusimos, pero desde el GAM respondieron con harto entusiasmo.

– La pregunta es por qué, en la otra vereda, están teatros como La Memoria. Una sala de reconocida trayectoria que hoy está arrendada una universidad y que se supone cerrará definitivamente a fin de año. Su director, Alfredo Castro, ha dado a entender que es muy difícil gestionar el teatro, entre otras cosas, porque el panorama ha cambiado con centros como el GAM que cuentan con subvención permanente.

PS: Son cosas distintas. Es distinto lo que hacemos nosotros a lo que hace La Memoria y el GAM, que es un centro cultural. Yo no pensaría que nos puede quitar algo, al contrario, un espacio como ese puede atraer nuevas audiencias. No sé, ¿qué opinan ustedes?

Edgardo Bruna (EB): Al contrario, me parece estupendo que exista un centro cultural que cada día adquiere más importancia y al que la gente concurre más. Eso significa la generación de audiencias que pueden impactar hacia otros lados. Importa que exista voluntad de colaboración, ojalá una gran red.

PS: Es que ya no se puede esperar sentado a que llegue el público al teatro. Y hay estrategias para eso. Por ejemplo, hay una gran cantidad de obras de teatro infantil o familiar de gran calidad que pueden pasar por el ICTUS y aportar. Porque los niños, al igual que los grandes, también necesitan espacios como estos con todo el rito de una obra de teatro. Ahí aparece para nosotros la posibilidad de armar una red.

José Secall (JS): Esas funciones de los sábados han traído a público muy pequeño, muy niño. La idea es que la primera experiencia de un niño sea venir al teatro, porque eso marca.

EB: y que también las familias vengan al teatro, porque así se forman jóvenes espectadores.

– Eso implica ampliar los días en que el teatro abre, como el Teatro del Puente, el propio GAM, etc.

JS: Antiguamente el Ictus abría así, de martes a domingo.

María Elena Duvuachelle (MED): Y había sábados en que teníamos funciones dobles. El horario era partir a las 9 am preparando un programa de televisión que se llamaba “La Manivela”. Después almorzábamos ensayando la nueva obra. Y después del té, hacíamos la obra que estaba en cartelera. Eso era vivir del teatro.

– ¿Y creen que eso alguna vez vuelva?

MED: Tal como están las cosas por la asistencia de público, no creo. No creo que dé para trabajar como antes, de martes en adelante, con funciones de una misma obra. Si se puede hacer esto otro.

EB: Bueno, la apertura del teatro ICTUS a otras expresiones artísticas es algo que no teníamos hace un año atrás. Quizás pecamos de ser demasiado serios y cerrados. Hoy hay que renovarse y abrirse. Ye esta nueva etapa nos da un nuevo aire.

– Y permite sortear un poco este fantasma de la eterna crisis de las salas de la que hablábamos antes.

JS: Conversemos el 2020…

– ¿Pero por taquilla entra algo? ¿Se puede mantener así esta esta sala?

PS: No. Nunca se ha podido. Salvo una época, en dictadura, donde la gente hacía cola para poder entrar. Pero han sido periodos excepcionales.

MED: Es que la gente percibía que este era un espacio de libertad donde podía opinar, hablar, aunque después salíamos todos cagados de susto.

PS:  Ahora la Red de Salas de Teatro también obtuvo un fondo. Ahí hay que ver qué sucede. Lo ideal, desde mi punto de vista, es que el Estado se hiciera efectivamente cargo de algunas salas o de todas las salas para poder hacer teatro en todas partes.

– ¿Sin concursabilidad?

PS: Claro.

MED: Como justamente lo decía Castro en su momento.

JS: Yo creo que el Estado debería hacerse cargo de salas, grupos o compañías que hayan demostrado a lo largo del tiempo su aporte real al teatro. En ese caso a Castro, por sus aportes, le correspondería estar en alguna de esas categorías. Pero acá no hemos llegado a ese nivel cultural.

– Pero algo que sí se tendría que cobrar a la hora de tener un financiamiento de ese tipo, es una buena gestión del espacio, no solo con buena programación, sino también con estrategias de posicionamiento, partiendo por algo básico: difusión y manejo de redes sociales, es decir, mostrar lo que uno está haciendo, buscar al espectador y no pretender que este llegue solo. Sino, se corre el riesgo de que plata que entre sea plata que sale.

PS: A nosotros también nos pasó. Buscar y aprender a gestionar no es fácil. Sobre todo porque hay que gestionar y crear, al mismo tiempo. Somos actrices y actores que ensayan, montan, actúan, y que además, deben gestionar.

EB: Chamorro…

PS: ¿ah?

EB: Circo Chamorro.

PS: ¿Cuál es ese?

EB: ¡El circo chamorro! El que arma y desarma la carpa, vende y corta las entradas.

PS: Aaahh, claro.

REPARTIR LA HERENCIA

– Si tuvieran que darle a conocer el trabajo del ICTUS a espectadores y/o jóvenes actores en formación, que no necesariamente lo conocen, ¿Cómo podrían resumir lo que hace hoy creativamente el ICTUS, específicamente en lo que respecta a una estética o una poética propia?

PS: Mmmm… diría que el sello de los últimos 30 años es el lugar central que ocupa el actor, el trabajo con su biografía y sin ningún elemento en escena. Mientras menos cosas tenemos, más fácil resulta contar lo que queremos contar.

EB: Hay una cosa que es insoslayable en Latinoamérica en los años 60’ y que tiene que ver con la fuerza que toma, precisamente, el lugar de la creación colectiva en el teatro. Pienso en nosotros pero también en compañías colombianas como La Candelaria o el Teatro Popular de Bogotá. Esos gallos eran brutales. Tenían mucho rigor. Y si hay un tipo de acercamiento a la escena donde la biografía personal del actor juega un rol fundamental es en la creación colectiva.

Otilio Castro (OC): Yo creo que lo que ha hecho el teatro ICTUS como el teatro de vanguardia que fue a finales de los 50 e inicios de los 60’, es que el actor se expresa más que la obra misma, porque el teatro de esa época demandaba una escena despojada. 

– ¿Y creen que eso se traspase a nuevas generaciones? ¿Creen que el ICTUS tenga herederos de su manera de hacer teatro?

JS: Es que yo estoy como Edgardo sobre lo que dijo en Las Últimas Noticias: cada vez veo menos teatro.

MED: Grave error.

PS: A ver, yo diría que sí. No sé si es una herencia, si compartimos tendencias o si coincidimos al buscar las mismas cosas, pero hay elementos en común que yo veo en compañías donde aparecen la biografía del actor Y/o la creación colectiva. Pienso en La Laura Palmer o Teatro La María, por ejemplo. Las formas son distintas, claro está.

OT: Pero al ICTUS siempre se le toma, por el contexto histórico que le pertenece, como una referencia, de todas maneras. Es difícil que no sepan lo que se hace.

PS: No creas, Otilio, aquí llega mucha gente que le encanta el espacio, pero que nunca ha visto una obra del ICTUS.

JS: Yo, por ejemplo, me encuentro con jóvenes actores que me dicen “maestro, ¿y dónde está ahora?” y yo les digo “En el ICTUS, hace mucho tiempo”. Entonces me responden “Oh, el ICTUS, ¡Qué importante!”. Pero, ¿cuántas veces han ido? Cero. Nunca. Lo conocen porque leyeron algún libro o porque se lo enseñaron en clases de historia del teatro, pero no conocen lo que sucede aquí en la sala.

– ¿Pero entonces hay herencia?

PS: Partiría por considerar las obras que el ICTUS ha dejado para la historia del teatro. Obras de los 70’ que ahora se están remontando, como Tres noches de un sábado dirigida por Rodrigo Pérez. Esa es una obra que se estrenó durante la UP, que estuvo dos años en cartelera, luego vivió la dictadura y vuelve más de 40 años después. Ahora, sería bueno que las obras del ICTUS interpretadas por otras compañías, vinieran a darse aquí. Eso tiene un sentido de transmisión importante para el contexto, independiente de si a uno le gusta o no.

EB: Creo que sería requetecontra interesante que todos los que utilizamos el método de la creación colectiva nos juntáramos. Porque si cruzamos estos 60 años con jóvenes, ¿cómo no va a salir un caudal creativo potente e interesante?

– Estaría bueno eso de asociarse o vincularse. En el teatro decimos mucho que esto se hace de manera colectiva, valoramos la idea de una comunidad teatral, pero en realidad estamos muy solos. No se dialoga mucho entre distintos grupos, más allá del amiguismo de redes sociales. Y eso termina de pasar la cuenta.

PS: Esta soledad que sufrimos los teatristas no sé si es un fenómeno de ahora o existe desde siempre…

EB: No, yo creo que esos son los triunfos de Pinochet. En serio.

MED: Mira, antes había una especie de pugna entre los teatros independientes y los teatros universitarios, que miraban un poco en menos al resto. Pero se juntaban y conversaban. Existía el Instituto Nacional de Teatro Independiente (INTI) donde se juntaban todas las compañías a resolver problemas. Así se llegó, por ejemplo, a tener una cartelera gratuita para las compañías, financiada por los Yarur.

PS: Pero eso se va a empezar a retomar en la medida que las compañías permanezcan activas. Porque el gran drama es que los grupos en Chile se disuelven rápido, no permanecen. Y no se puede dialogar con alguien que ganó un fondo, dio un par de funciones y luego se separó, porque no se pueden hacer preguntas sobre su búsqueda estética, sus objetivos artísticos, etc.

EB: Lo más grave es que no existe Il Bosco para ir a conversar.

MED: Ese café era una locura, llegaban todas las compañías… ya no existe.

PS: Pero es que ahí nosotros tenemos cierta responsabilidad como grupo, de asociarnos más. La asociatividad es un punto a considerar. Tenemos que vincularnos más con el medio.

Presente creativo

Okupación se llama la obra que ICTUS estrenó en 2005. La ficción muestra a un grupo de profesores que decide tomarse su colegio ante la inminente venta del recinto. El conflicto que se desarrolla durante la obra, muestra la oposición entre quienes desean un modelo educativo que está en vías de extinción y quienes se han adaptado a las nuevas reglas del juego. En Chile, al año siguiente del estreno de Okupación, tuvo lugar la “revolución pingüina”, una protesta social conducida por estudiantes secundarios que sería la antesala del gran movimiento estudiantil de 2011 donde confluyeron estudiantes secundarios, universitarios, profesores, familias, etc. Por eso en diferentes medios se ha afirmado que la obra resultó premonitoria al hablar de la toma de un colegio. La historia de cómo el ICTUS llegó a esa obra implica citar, otra vez, el fantasma de la crisis de las salas de teatro:

Paula Sharim: Nos dimos toda una vuelta para llegar al tema de la obra. Partió como siempre desde la creación colectiva con algunas propuestas que estábamos revisando…

María Elena Duvauchelle: muy aburridas…

PS: Y en uno de esos ensayos nos avisan que nos van a embargar porque no se han pagado los gastos comunes del edificio. Entonces, junto con la angustia, surge la idea de defender este espacio. Así fuimos contando anécdotas y casos similares, y alguien contó lo de la “Casa-Isla” de 1983 cuando un señor que vivía en Avenida Ossa, en la intersección con Príncipe de Gales y Tobalaba, se negó a vender su casa. Entonces improvisamos algo con la idea de vender o no vender esa casa, hasta que fuimos llegando, no recuerdo bien cómo, a la historia de un colegio que se iba a vender y cuyos profesores se oponían.

– La moraleja: no hay que pagar los gastos comunes.

José Secall: Mira, si no hubiera habido amenaza de embargo, esta obra no habría existido.

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