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José Antonio Luer: “lo que tenemos en Valparaíso es bien precario”

Hace unos meses se hizo conocido por ser el escritor más joven de la Muestra Nacional de Dramaturgia y el ganador del premio dramaturgia emergente con la obra “La cuna de fuego”, dirigida por Rodrigo Pérez. En esta entrevista José Antonio nos cuenta más sobre el acto de escribir, sobre su contexto local, la precariedad del teatro en regiones y los tres nuevos textos en los que trabaja para publicar en 2017. 

Por Consuelo Salamia G.

Escribir para José Antonio Luer es como traducir en palabras sus visiones del espacio teatral. Frente al papel, empieza a imaginar el escenario: dos espacios bien definidos, en disputa, separados por una frontera, tal como los Estados de Palestina e Israel. Uno de los lados comienza a tomar forma de carnicería –claramente, Israel, dice Luer–, y el otro,  de prostíbulo o de bar de mala muerte, una imagen simbólica de Palestina.

Así surgió la obra La cuna de Fuego (2015), con la que José Antonio Luer, de 23 años, ganó el premio Dramaturgia Emergente en la reciente Muestra Nacional 2016. Luer cuenta que con esta obra, que trata de manera simbólica el conflicto entre Israel y Palestina, buscaba abordar conflictos que suceden a diario en Latinoamérica, como la inmigración y el colonialismo. “Chile es el país que tiene más inmigrantes palestinos en Latinoamérica”, dice Luer. “Estamos llenos de su cultura y creo que es responsabilidad de nosotros hacernos cargo de esas historias también”.

Aunque aún no hay nuevas fechas confirmadas para la obra, que hasta ahora solo se ha presentado una vez en la Muestra Nacional de Dramaturgia, Luer dice que la compañía de Rodrigo Pérez está en busca de nuevas fechas. En esta entrevista con Revista Hiedra, el joven dramaturgo, residente en Valparaíso, habla sobre sus nuevos proyectos y las dificultades que tiene el teatro para desarrollarse en regiones, donde una ciudad turística como Viña del Mar ni siquiera tiene una sala de teatro. “Estamos hablando de Viña, una municipalidad que tiene ingresos, y donde tampoco hay ningún fondo al que uno pueda postular para desarrollar un proyecto artístico como el teatro”, dice.

 

¿Cómo fue el proceso de escritura de La Cuna de Fuego?

La obra la empecé en un taller en 2014. Después continué solo, escribiendo casi un año. Yo ya había estado escribiendo sobre el conflicto en Medio Oriente en diferentes variantes, dramaturgias y ejercicios en la escuela de teatro. Pero ya con esta obra senté cabeza en una idea más concreta, en la ficción en sí. Tomé vuelo, y el proceso fue bueno. Pasé por entrevistas con palestinos que se han venido a refugiar a Chile, hasta algunos referentes de libros de poesía o investigación que fui seleccionando de los documentos que trabajamos con la comunidad Palestina de Viña del Mar, y eso encausándolo con todo lo que estaba imaginando y creando con la ficción de la obra.

 ¿Por qué escribir de un conflicto que parece tan lejano?

Es que yo no creo que sea tan lejano. Las temáticas están muy ligadas con nuestros propios conflictos, ya sea algo que puedas relacionar con el tema mapuche, o con situaciones que pasan en Latinoamérica, donde un pueblo coloniza a otro y lo destierra de alguna manera de su origen, obligándolo a escapar, a empezar una nueva vida que no tiene que ver con sí mismo. Es lo que trabaja la obra en sí, estableciendo todo este tema religioso también, que está ligado a nuestra cultura. Además, Chile es el país que tiene más inmigrantes palestinos en Latinoamérica, estamos llenos de su cultura, y creo que es responsabilidad de nosotros hacernos cargo de esas historias también.

 ¿Cuál es tu opinión sobre la dramaturgia en Chile, y la escena del teatro?

Yo soy de Valparaíso, y en realidad, lo que hay acá es bien precario. Hay poco teatro, el teatro que se hace no es de la mejor calidad tampoco, porque no hay recursos. Pero más allá de los recursos, no está abierta la visión teatral como tal. Hay compañías buenas, hay buenos grupos, igual hay tres escuelas de Teatro, pero no logra emerger realmente, algo pasa. Hay falta de salas también, falta de recursos, falta de comunicación entre el circuito de la región. Entonces, me da harta pena y rabia. Veo que se intentan hacer cosas, de repente, hay grupos, hay propuestas, y empieza a pasar algo, y luego se desinfla y hay que partir de nuevo.

En cambio, lo que pasa en Santiago a mí me gusta. Hay un movimiento teatral, hay público, hay compañías, se hacen buenos trabajos, hay compañías significativas, pero hay que expandir eso. El Fondart no nos alcanza a todos tampoco, hay que pensar qué estrategias se hacen desde las cabezas que están llevando la cultura en el país para permitir que esto también vaya surgiendo hacia otras regiones.

Respecto a la escritura que se hace en Chile, ¿te gustan los temas que se abordan, crees que hace falta avanzar en algún tópico o estilo?

No me gusta cuando la dramaturgia tiende a volverse un poco soberbia. Como plantarse,  “yo soy un dramaturgo, que sé mucho de este tema, he investigado mucho y por lo tanto voy a educar a la gente”. Eso me carga porque uno como espectador tiene que empezar a poner atención en todo, y empezar a entender todo, cuando uno debiera llegar, sentarse al teatro y conmoverse. La dramaturgia debiera apuntar un poco a eso, a conmover. Las situaciones humanas o las temáticas abordarlas desde la palabra, obvio, desde la acción, pero de la manera más simple posible, y creo que es una falencia en mi propia obra, en “La cuna de fuego”.

Yo creo que la gente no tiene que llegar al teatro a esforzarse a pensar. O a salir del teatro pensando que es tonto y que no entendió. Ese es el peor error que podemos cometer como dramaturgos. Tenemos que entretener a la gente, en el sentido de tener su atención en la obra todo el tiempo. Eso pasa a veces, que los dramaturgos se dan muchas vueltas intentando construir algo que para ellos tiene una lógica, pero se pierde la esencia de su propia lógica y se vuelve algo indescifrable.

¿En qué proyectos estás trabajando actualmente, tras La Cuna de Fuego?

Sigo escribiendo. Ahora estoy con Marco Antonio de la Parra en Santiago, en un taller. Estoy escribiendo una obra que me tiene muy interesado, que también está relacionada con muchas cosas que están pasando. Con Interdram también estoy terminando una obra, que está relacionada con el conflicto mapuche, pero hace un cruce entre la historia y la actualidad. Es una obra bien loca. Estoy escribiendo, además, otra obra que es para realizar personalmente con mi compañía, donde seguramente yo también voy a estar como actor, que es Mudanza. Además, pretendo hacer un magíster en dirección en la Chile el próximo año. En ese sentido, quiero seguir estudiando igual.

O sea, no es que tengas definido seguir por la línea de la dramaturgia… 

Sí, sí, quiero seguir. Pero en realidad quiero seguir por la línea del teatro. El teatro puede ser la dramaturgia o la dirección, mañana la actuación y así. Pero sí, lo de la dramaturgia de todas maneras, porque como te digo estoy, escribiendo tres obras en este momento. La actuación también, porque soy actor. La dirección es algo nuevo para aprender y estudiar. Es necesario tener conocimientos a nivel de dirección pues potencia mucho, y estimula mucho la escritura, la dramaturgia. Uno puede captar las cosas desde el imaginario de manera mucho más abierta. Puedes imaginar muchas más cosas si tienes las herramientas para poder construir esos espacios en tu mente.

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