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Thomas Ostermeier: “el teatro no puede cambiar al mundo”

Claudia Vanessa entrevistó al director alemán Thomas Ostermeier, quien estuvo en nuestro país en el marco de Santiago a Mil 2017 con dos de sus obras “El Matrimonio de Maria Braun”, basada en una película de Fassbinder, y “Un enemigo del pueblo”. En esta entrevista nos habla sobre su mirada política del teatro, la tradición del teatro brechtiano y si considera cuestionable o no presentarse en el Teatro Municipal de Las Condes.

Thomas, tú planteas el odio como fuerza creadora, ¿por qué?

El odio es un gran estímulo. Yo solía odiar el teatro, sí. Pero lo que en realidad odiaba era el mal teatro. Quería ver mi propio universo en el escenario, ver la realidad social en la que vivimos. Ansiaba un teatro que revelara las preguntas reales, no las abstractas. En lugar de eso, yo veía niños ricos hablando sobre ellos mismos entre ellos mismos. Se engrandecía el elemento estético. Llegué a odiar ese círculo.

En ese sentido, ¿no es algo contradictorio presentar la obra Un enemigo del pueblo en el Teatro Municipal de Las Condes?

Sí que lo es. Yo les pedí otro teatro, pero ese era el único que cumplía con los requerimientos de la obra. Por otro lado, creo que se logró un diálogo muy interesante.

La obra es una perfecta analogía a Santiago a mil, parece una broma. El festival es financiado por actividad minera, pero debido a su innegable aporte cultural -al igual que el balneario de la obra- cabe el peligro de que la Minera Escondida sea incuestionable, intocable.

Yo no creo que esta minera sea intocable. Somos capaces de protestar, tenemos la capacidad de presentar obras como esta en su propio festival. Si ellos nos dijeran “no queremos esta clase de obras aquí”, tendríamos que buscar un lugar alternativo. Pero no por falta de coraje o por falsa corrección política dejaremos de presentarnos y manifestarnos en espacios debatibles como este.

Todo el dinero es sucio, todo. Los apoyos culturales que brinda el estado en Alemania son sucios también.

Todo el dinero es sucio, todo. Los apoyos culturales que brinda el estado en Alemania son sucios también. El dinero lo obtenemos de producir y vender armas, de producir y vender autos. Finalmente, si miramos de cerca, todo el dinero es sucio; si esta idea es insoportable para alguien, ese alguien debería matarse. ¿Tú crees que no hemos debido presentarnos aquí?

No lo sé. La obra ha sido un espejo incómodo para algunos asistentes, creo que eso siempre genera cambios. Por otro lado, tú has dejado en claro que no crees que el teatro pueda cambiar al mundo.

No. El teatro no puede cambiar al mundo y la razón es muy simple. Tú sabes que en Alemania tuvimos a Bertolt Brecht, quien probablemente sea el escritor de teatro político más importante del S.XX. Él escribió antes y durante el fascismo alemán. ¿Logró cambiar algo? ¿Tuvo alguna influencia? Yo no soy tan fuerte o importante como Brecht, ¿cómo podría yo pensar que puedo cambiar al mundo? Él no pudo cambiar algo, no cambió nada: se exilió.

Mi educación se basó en un Brecht “podrido”, en un Brecht que era un museo.

¿Qué influencia tuvo en ti Brecht, Thomas?

Mi educación se basó en un Brecht “podrido”, en un Brecht que era un museo. Él se convirtió en símbolo de un país estalinista, en el monumento de una dictadura horrible. Pensar en ello es cruel.

Con todo esto, ¿cómo podemos tolerar que el quehacer teatral viva en la contradicción constante de existir sin poder comprobar que está logrando algo?

Así es su naturaleza, ese es su deber y debemos asumirlo como tal. Yo creo que todos nosotros tenemos dos grandes responsabilidades. La primera es nuestra responsabilidad como artistas: hacer nuestro mejor trabajo siempre y siempre ser honestos. No dejar que el éxito nos corrompa, ni comercializarnos. La segunda responsabilidad es como un ser político: debemos alzar la voz en público, ser parte del movimiento social, hablar claramente sobre los políticos. Esa es la otra gran responsabilidad y ambas son igual de importantes. Me considero una persona muy comprometida con la política, creo firmemente en esto.

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