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El actor emprendedor

Emprendedor es quien transforma todo en oportunidad. Por cierto que esto no es un valor, es una enfermedad neurótica de la cual el artista es su referente.

Las actrices y actores rara vez pueden cobrar lo que vale su trabajo. En casi ninguna parte del mundo los artistas escénicos pueden vivir de lo que estudiaron. En Chile, la gran mayoría que logra cierta autonomía económica –relativa y temporal- como para cubrir un dividendo, tener salud o regularidad en sus imposiciones, trabaja en algo extra o, derechamente, ya abandonó la profesión.

1. La familia

En todos aquellos casos en que el actor o la actriz no logran mantenerse para llegar a fin de mes, alguien más tiene que asumir ese costo. Muchas veces es su propia familia. Y es que son los familiares los que tantas veces se cuadran con los recursos económicos, con la casa para los ensayos, con los brazos para cuidar a los hijos, con el auto para transportar escenografía, con la colaboración desinteresada para el proyecto de crowdfunding; también son los que están en el estreno de la obra y los que mueven al resto de los familiares para que llenen la sala.

2. Los amigos

Por cierto que acá se incluyen las y los amigos: los que donan un cachureo, los que prometen ir a todas las funciones, pero sin duda asisten a las fiestas profondos, los que entienden más temprano que tarde que así será tu vida y te invitan a salir la mayoría de las veces, etc. Para una actriz o un actor, la familia lo es todo, de modo tal que podríamos decir que aquí sí que la familia es la base social.

3. ¿Quién está financiando la cultura?

Sabemos que un porcentaje mayoritario del costo de hacer arte en Chile lo asume primero el artista y luego a la familia. Esta dinámica no es casual o azarosa. No se trata de una consecuencia fruto de un país con las prioridades económicas mal puestas. Al contrario, las prioridades están perfectamente delineadas.

Los últimos  cuarenta años se ha consagrado un modelo cultural que ha tendido a transferir la carga económica de su producción no al Estado ni al mercado, sino a la sociedad. Los que antes fueron dos antagonistas hoy son dos aliados. A esto le llamamos en abstracto neoliberalismo, anque tiene consecuencias dolorosamente reales: ya no hablamos de explotación a secas, sino más bien autoexplotación.

4. La automotora que no vende autos

En este nuevo tiempo/espacio los fantasmas de la mercantilización y/o la estatización no son más espeluznantes que el fenómeno de la financiarización. Cuando la automotora ya no vende autos, sino créditos para comprar sus autos, hablamos de financiarización. De ahí a los créditos estudiantiles usureros, los fondos concursables precarizantes y especulación financiera con las pensiones de retiro, un paso.

5. Sé optimista

Para este modelo, el trabajador a contrata es un lastre, en el sentido que frena el dinamismo y la adaptación necesarias para estos nuevos tiempos del rendimiento a toda prueba. Se necesita en cambio gente dispuesta a innovar, a tomar riesgos, ser optimistas y creativos. Se necesita, en suma, espíritus emprendedores. El sujeto asalariado ahora transformado en empresario de sí mismo, es un emprendedor. El empresario-emprendedor no necesita contratos ni ataduras: necesita libertad.

6. La derrota es tu culpa

La retórica hueca y sin ética del emprendimiento alcanza su máximo rendimiento cuando luego de precarizar las condiciones de vida de los individuos, les transfiere además la culpa de su fracaso. El emprendedor asume como error propio la falta de arrojo en su proyecto. Entonces cree merecer el no alcanzar su objetivo deseado: la libertad. Si el fracaso económico impide alcanzar la libertad, ¿dónde más podría hallarla sino es en la producción y el consumo?

7. El artista como emprendedor

¿Quién representa por excelencia el espíritu del emprendedor? El artista. El artista visual, el bailarín, la actriz, etc., son su representación cristológica: agentes productivos dispuestos a vivir una vida precaria con tal de (creer) ser dueños de lo que producen. El artista y su resiliencia son una mina de oro: todos los años postula a un fondo concursable y no se lo gana (poco menos  del 20% del total de postulantes obtiene fondos cada año) y pese a ello sigue al pie del cañón, familia incluida. ¿Cuánto tiempo más aguantarán sus tarjetas y sus billeteras?

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Actor, Universidad Mayor. Magíster © Teoría e Historia del Arte U. de Chile.