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Opinión: El Mito del Arte de Mercado

¿Qué significa el anuncio de cierre de cuatro teatros? ¿Qué significa la suspensión del Festival Cielos del Infinito? Los hechos parecen indicar el momento crítico que viven las artes. Sin embargo, el contexto cultural actual demanda una reflexión exhaustiva, donde nada es simple pero tampoco nada es complejo.

Sin duda es triste pensar que este verano una región no tendrá festival mientras la capital celebra. Sin embargo, es preciso que cualquier reflexión supere el sentimentalismo y el derrotismo. Porque el contexto cultural actual demanda ser exhaustivo al pensar el momento que viven las artes, que lejos de lo que supone el sentido común, no están a al borde de su desaparición por la vorágine capitalista, ni están desamparadas por un Estado “atado de manos”.

Por el contrario, las lógicas mediante las cuales ha tenido lugar la profesionalización e industrialización de la producción y la circulación del arte en Chile, están intencionadas por un mercado cada vez más interesado en el arte, que gracias al rol subsidiario del Estado, ha destinado sus fuerzas a la construcción de un imaginario donde el arte no es condenado, -como podría suponerse-, a ser un puro bien fungible u objeto de consumo, sino que al revés, lo que hoy se destaca del arte son sus cualidades inmateriales: su capacidad de generar una experiencia diferente, única, novedosa y liberadora, en una sociedad que agota lo diferente, lo único, lo novedoso y lo liberador.

Esto significa que asistir a una obra de teatro nunca será igual a comprarse un par de zapatos. Aunque opere bajo la misma lógica clientelar. Consumir arte bajo la lógica del mercado se transforma en algo más: una forma de asumir la realidad, o si se quiere, de evadirla, de suspender esa fundada sospecha de que la realidad que vivimos no es más que la reiteración de momentos idénticos donde se hace difícil saber dónde termina el tiempo del trabajo y donde comienza el tiempo de la vida, porque se vive para trabajar, producir, consumir, desechar y volver a partir.

Hubo un tiempo en que las condiciones de producción y el estado de la profesionalización del arte hacían más fácil detectar cuando estábamos frente al “arte de mercado” y cuando frente a un ejercicio subversivo. Pero hoy la más combativa obra de un reputado director puede ser no más que puro espectáculo, o viceversa.

Hoy nada es simple. Pero tampoco es tan complejo. Se trata antes que nada de derribar mitos. Y el más importante puede que sea el que afirma que el arte es “impermeable” al mercado (dotándose a sí mismo de cierta autonomía) simplemente porque no habría sintonía entre arte y mercado. El argumento final de esta postura es que el arte ofrece tan poca rentabilidad, que la ausencia de interés asegura su independencia.

Nada más peligroso que afirmar con soltura esa idea, como si el mercado no tuviera dimensiones estéticas y sensibles. La pesadilla de que solo somos números para el sistema debería quedar atrás en la medida que vemos que el mercado del arte no es lo mismo que el arte de mercado, es decir, es algo más que vender obras: hay universidades que abren y cierran carreras de arte, hay oleadas de profesionales expulsados a trabajar en precarias condiciones y hay circuitos internacionales de circulación y legitimación.

Hoy se ha instalado un modelo de consumo de arte que implica mucho más que la muerte del arte. Y no parece haber un afuera. Sin embargo, tenemos la capacidad de pensar críticamente todas las contradicciones que esconde la lógica de la industria cultural [1] en nuestro contexto actual. Así tal vez podamos dibujar un futuro distinto para el arte, donde la cultura sea algo más que el desfile de globos organizado por una tienda comercial para la satisfacción de su unidad de Responsabilidad Social Empresarial.

 

[1] Se discute mucho sobre la existencia o no de una “industria” de la cultura dada las precarias condiciones laborales del arte y lo pequeño del campo respecto de otros ejemplos internacionales. Sin embargo el término de “industrial cultural” usado aquí hace referencia a una lógica de producción que implica no solo una forma, sino también un “sentido de hacer”.

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Actor, Universidad Mayor. Magíster © Teoría e Historia del Arte U. de Chile.