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El milagro del jaguar: ¿qué se padece cuando se padece?

Fuimos a ver «El Milagro del Jaguar» cuarto montaje de la Compañía Chimba Teatro que se presenta en el Taller Siglo XX Yolanda Hurtado.

 

El Milagro del Jaguar siguiendo una dramaturgia convencional (realismo, cuarta pared, punto de no retorno, etcétera), levanta una puesta en escena que opera como un cara y sello: a partir de ese hermoso momento de unión navideña que es la convivencia laboral del 24 de diciembre, la obra muestra el devenir en completo fracaso de las relaciones humanas de un grupo de seis trabajadores que deben resolver el enigma de quién robó el «fondo común comunitario» que sería utilizado para comprar una torta de piña (pues sin torta de piña no hay ni navidad, ni año nuevo).

Lo que la obra pretende mostrarnos es que estas relaciones, -desgastadoras y viciosas-, son la herencia de un país que hace años se viene inventando un cuento de sí para validar y volver mito su modelo de desarrollo, el de los jaguares de Latinoamérica. De ahí en parte el nombre de la obra. La otra parte presumiblemente tenga que ver con el “milagro económico chileno”, es decir, la neoliberalización de la economía, la educación y las personas (como no, si hoy nos pensamos como individuos competitivos/competentes y objetos de circulación).

Con esto presente resulta un acierto de la obra que los arquetipos que utiliza para construir sus personajes, permitan rastrear primeras y segundas intenciones: así el migrante colombiano sufre la discriminación pero también se ve dispuesto a callar para obtener su ascenso. Sus compañeros lo aceptan hasta que comienza la caza de brujas por el robo del fondo y el más débil es el extranjero. La humanitaria y cercana jefa no duda en hace valer su jerarquía para instalar familiares en la empresa, mientras la guardia por todos querida, parece estar dispuesta a usar métodos poco ortodoxos para dar con el criminal y así solazar sus delirios de grandeza. Por supuesto, cierra la foto familiar el extraño del grupo, un trabajador recientemente despedido que algo oculta tras esa fachada de gañán.

Como se ve, la obra trama con precisión personajes y relaciones de poder, chaqueteo, nepotismo, traición, xenofobia y ese siempre irritante fascismo de quien defiende su derecho a ser explotado.

Ahora bien, cabe la pregunta de si al predominar un interés por evidenciar las relaciones humanas insertas en este modelo de vida, la obra no recala en un ejercicio que no logre despercudirse de la lógica imperante, asumiendo que al final no hay otra salida más que la muerte.

Y esto último es fundamental, pues a pesar de que esto es evidente en ciertas prácticas capitalistoides más tradicionales, la idea de que el neoliberalismo conduce a la muerte, -literal y evidente-, es hoy discutible. Lo sucedido en Foxconn hace algunos años cuando con mallas en los segundos pisos se prohibió el derecho a morir, es un contraejemplo radical del interés del sistema por el cuerpo (vivo).

Entonces, la verdadera tragedia no sería simplemente que no nos quede otra salida más que lanzarnos al vacío (no hay muerte más moderna que la proveída por los rascacielos), sino que no podamos imaginar otras vías de escape, o aún más: que simplemente no nos interese pensarlas. Si esto último es cierto, el padecer contemporáneo sería más bien una farsa donde caemos en cuenta de que la vida tiende a ser una reiteración de momentos idénticos donde lo que importa es volver a trabajar… hasta la próxima convivencia.

*Crítica realizada en la temporada 2015

ficha artística

Dramaturgia: Gabriela Arroyo y Ezzio Debernardi
Dirección: Gabriela Arroyo
Elenco: Silvanna Gajardo, Carlos Donoso, Ezzio Debernardi, Valentina Campos, Karin Ahlstrom y Nicolás Platovsky
Asistente de Dirección: María Hojas
Producción: De La Hormiga Producciones
Diseño Integral: Nicole Salgado
Diseño Gráfico: Pablo de la Fuente
Universo Sonoro: Alejandro Miranda
Asesoría de imagen: Franklin Athos
Teaser/ Audiovisual: Carlos Leiva

¿Dónde?

Actor, Universidad Mayor. Magíster © Teoría e Historia del Arte U. de Chile.