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¿Qué cuerpo es el que baila danza contemporánea hoy? Un primer acercamiento

Vesna Brzovic* escribe en Hiedra para acercarnos a reflexiones en torno al cuerpo y la danza contemporánea a través de comparaciones disciplinares y preguntas sobre la fisicalidad. Cultura, política, biología ¿de qué perspectivas podemos valernos para abordar ese cuerpo que baila?

 

Parte de los comienzos históricos de la danza contemporánea tienen lugar en la Judson Church Teather en Estados Unidos en la década de 1960. Las prácticas que se realizaban allí tenían que ver con el hecho de que cualquier movimiento podía ser danza y cualquier persona podía bailar. Caminar podría ser bailar. Todo esto, como contraparte a su antecesora histórica: la danza moderna, también llamada danza expresionista, ya que su búsqueda era la expresión de las emociones y sentimientos. Estos dos estilos acceden al cuerpo de manera diferente, aunque ambos le conceden mucha más libertad que su predecesora, la danza clásica. Esta última, vigente hasta la actualidad, posee cuatro siglos de historia y aunque ha ido modificando sus formas de llegar a escena, en ella el cuerpo siempre ha sido una muestra de conservadora perfección.

A cada cuerpo un contexto, pero también una sobre-vivencia y una lucha. Para hablar del cuerpo que baila lidiamos con una perspectiva histórica que lo posiciona dentro de un momento estético, social y político particular, pero a su vez nos enfrentamos a una dualidad biológica y política con la que vivimos y sobrevivimos cotidianamente. Por un lado, nuestra constitución como ser vivo es algo que debemos entrenar, cuidar y que está atravesado por lo indefectible del paso del tiempo. Y por otro, abre un espacio político donde nos preguntamos por el rol del cuerpo en la sociedad y las normas que se construyen en torno a él.

¿Qué cuerpo es el cuerpo que baila danza contemporánea? Un cuerpo que se ve estimulado por su fisicalidad y lo que le rodea; por una relación o una energía que lo convoca. Una superficie plástica que posee muchas maneras de manifestarse y que es, por sobre todo, un organismo vivo.

La fisicalidad es lo que atrae el cuerpo hacia sí mismo, procurando una circulación entre el adentro y el afuera. El movimiento se construye desde adentro y se manifiesta afuera, haciéndose visible para la otredad. Un cuerpo baila su propia fisicalidad y ese puede ser el único motivo que lo convoca a moverse. Este estímulo interno/externo se va reproduciendo a sí mismo creando más movimiento: el tema de lo que habla ese cuerpo es de su propia movilidad y el relato se va construyendo mediante las consecuencias que produce. Movimiento en coordinación, rítmico o anatómico son algunas de las maneras en que se expresa la fisicalidad.

Construir desde la fisicalidad también puede darse a partir de lo que rodea al cuerpo-persona que baila. Puede encontrar estímulos en el espacio, la luz, el aire, los movimientos de las otras personas, sin necesariamente entrar en contacto. Hay vínculos entre la fisicalidad de una persona y otra que refieren solo a la secuencialidad de los movimientos de estas. Cuando los cuerpos entran en contacto aparece lo que se conoce como la improvisación de contacto, que se constituye a partir de los hitos de fisicalidad entre personas que bailan y se tocan a la vez.

Por otra parte, existe una manera de hacer del cuerpo que danza que es más “teatral”, por así decirlo. La puesta en escena que trabaja con un tema o cuenta una historia, precisa de un cuerpo que construya su movimiento no solo desde la fisicalidad, más bien se introduce en algo que atraviesa más de cerca el horizonte cultural de lo cotidiano. Hay algo así como un personaje, puesto que el cuerpo debe trabajar con su persona: política, cultural, social e histórica, esa persona encuentra en toda esa información, asuntos para llevar al cuerpo y sacar a la obra.

Este tipo de puesta en escena puede ser más “teatral” en el sentido del relato, personajes y diálogos, no obstante una obra construida desde la fisicalidad también puede contener un relato, personajes y diálogos que realizan una aproximación conceptual a esas estructuras. Esto quiere decir que muchas veces el cuerpo en la danza contemporánea es en efecto un concepto, más que una persona (aunque una persona también puede ser un concepto). Es un organismo vivo, una superficie plástica que se modifica con el tiempo.

Ahora bien, este sentido “teatral” al cual me refiero tiene más que ver con este horizonte donde aparece la cultura -no como expresión artística, si no como algo humano- y utilizamos las convenciones y reglas del mundo en la creación, algo que el teatro ha hecho desde siempre. Muchas obras de teatro han sido escritas a partir del contexto histórico al cual pertenecen, parte de una búsqueda necesaria para darse a entender. Sin embargo no estoy diciendo que la danza se vaya a parecer al teatro, muchas veces cuando el teatro sale del lugar del texto, pareciera entrar más en la performance que en la danza, y con ello, en el cuerpo, pero todo depende desde donde se piense y se mire la obra en cuestión. El acercamiento de la danza hacia esta “teatralidad” tiene que ver con agenciar políticamente el cuerpo en la escena, apoyándose estratégicamente del contexto histórico que lo respalda y de las reglas que ese juego de lenguaje -como decía Wittgenstein- posee.

El surgimiento de la danza contemporánea en su simpleza y fisicalidad, tiene un origen político, lo que no le resta agencia a esa fisicalidad. Se agencia el concepto hacia el cuerpo como respuesta a algo. El problema surge cuando la investigación física pierde su capacidad de respuesta. Se vuelve estéril. Allí no hay agenciamiento, sino más bien una separación del arte y del cuerpo de su realidad y de su contexto. En ese sentido, la “danza contemporánea”, además de entenderse en términos de época o estilo, dialoga directamente con los problemas en torno a lo contemporáneo.

 

*Vesna Brzovic, investigadora y bailarina, perteneciente al Núcleo de Investigación sobre Corporalidad y Artes Escénicas, N.I.C.E. http://fusadanza.blogspot.com/

Imagen: obra Vagina función del 8 de diciembre de 2018, La Vitrina. Créditos: Lyn Yex.