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RIZOMA CIRCENSE: indagaciones / divagaciones / deformaciones / devenires

Marcelo Troncoso* escribe en Hiedra para pensar el circo desde el paradigmático concepto de “Rizoma” de Deleuze y Guattari, levantando un “Rizoma Circense”.
 
“Una de las características más importantes del rizoma quizá sea la de tener siempre múltiples entradas; en ese sentido, la madriguera es un rizoma animal que a veces presenta una clara distinción entre la línea de fuga como pasillo de desplazamiento, y los estratos de reserva o de hábitat. Contrariamente al calco, que siempre vuelve “a lo mismo”, un mapa tiene múltiples entradas. Un mapa es un asunto de performance, mientras que el calco siempre remite a una supuesta competance”**
 
Acá propongo un giro conceptual y metodológico para que nos despojemos de las limitaciones operativas que persisten en el campo de investigación de lo circense, ajuste que por cierto está bastante incorporado en otros campos, por lo que ya es tiempo de que aquí también derribemos esas fronteras imaginarias ¿Cuál es este giro? El abandono de la obsoleta lógica binaria: tradicional/nuevo, clásico/contemporáneo, moderno/postmoderno; a cambio de una lógica de la multiplicidad que aborda lo circense como una configuración dinámica, híbrida y plural.

Si las clásicas dicotomías como: sujeto/objeto, acción/estructura, hombre/mujer, negro/blanco, cultura/naturaleza, razón/intuición, convencional/vanguardista, centro/periferia, burgués/proletario, literal/metafórico, micro/macro, colectivo/individuo, cuerpo/alma, etc., progresivamente han ido perdiendo validez y pertinencia analítica en el campo de la investigación social, es porque no alcanzan el horizonte de observación eficaz para evaluar la complejidad vertiginosa de la realidad. Entonces, aquí debemos plantear el mismo desvío estratégico, con el propósito de obtener otro nivel descriptivo y comprensivo del fenómeno circense en su despliegue, dejando en el pasado el formateo de los dobles opuestos excluyentes tradicional/nuevo, porque discriminan e ignoran toda una serie de expresiones efervescentes que no ingresan en esos dos marcos de referencia anquilosados.

Para plantear esta problemática decidí no utilizar la palabra “circo”, puesto que al ser un sustantivo singular su sentido se autoclausura, dificultando las aperturas e intersecciones necesarias para dar un giro interpretativo a su manifestación, porque la emergencia de este campo no es una expresión aislada, autosuficiente y espontánea del mundo: es una producción histórica multifactorial que se afecta de la realidad.

Entonces, prefiero hablar de lo “circense” como un fenómeno social que es co-producido y que a la vez co-produce contextos al entramarse con otros modelos de existencia. Lo circense se puede entender como “un espacio de dimensiones múltiples que potencia un libre juego de significantes y que, por ello, destruye la unidad que parecía indisoluble entre el significante y el/los significado/s de un signo.”***

Siguiendo esa premisa, hay que señalar que los fenómenos sociales son proliferaciones de relaciones entre entidades diversas que por impulso intensivo desestabilizan una o más condiciones del contexto histórico en el que acontecen. Alteran el estado de las cosas al instigar vibraciones emergentes que se manifiestan por desplazamientos intencionados y por enlaces azarosos. A su vez, los contextos históricos son configuraciones de tiempo/espacio que se van modelando por encuentro, por afinidad, por fricción, por disputa, por controversia, por bifurcación y por fuga. Son diseños complejos y multi-nivelados de estratos con muchas entradas/salidas que experimentan transformaciones al pulso de los fenómenos que contienen.

La emergencia de un fenómeno puede responder a una convergencia o una divergencia al interior del contexto, así como también puede trazar una línea de fuga a esta dicotomía, por lo tanto, una expresión emergente no se debe empalmar ni proyectar sólo como constatación u oposición a lo existente, porque también puede habilitar salidas que se encontraban semi clausuradas, distanciándose de esa realidad. Esto quiere decir que los desarrollos no son lineales, no son evoluciones previsibles; son series de mutaciones dinámicas, plurales y azarosas que por disputa van abriéndose camino y posicionándose contingentemente.

Si lo circense reafirma su condición nómada y errante, el ideario que lo define no debe acomodarse en conceptos estáticos, no debe asegurarse a metodologías de anclaje, sino que debe planificar la fuga, intencionar el vuelo, no solo del cuerpo, sino que también del imaginario. Para animar ese plan utilizo el concepto de rizoma, inscrito en el ideario contemporáneo por los filósofos franceses Gilles Deleuze y Félix Guattari hace más de cuatro décadas.

El rizoma no es principio ni fin, es mediación. Por tanto, se puede concebir como una estrategia metodológica, una imagen conceptual, un ejercicio de teorización, una técnica, un instrumento y una vía indagatoria que permite problematizar los acontecimientos del mundo desde un enfoque relacional. Entrando en el flujo de esta noción, planteo algunas hipótesis/consignas que de ninguna manera están acabadas, pero que sí tienen la pretensión de incitar un movimiento de ideas en el plano local de lo circense, desde un pensamiento que se derrama por impulso. Por tanto:

a) Lo circense no tiene un sentido totalizante, cerrado, binario, divisorio, unívoco, unidireccional; sino que es amplio, distribuido, volátil, difuso, abierto, impreciso. Posee significaciones que posibilitan mezclas infinitas, promiscuidades y mutaciones impredecibles. No tiene un principio unificador. Establece mediaciones diversificadoras.

b) Desde su inclinación asociativa, lo circense opera como tribu en movimiento, como enjambre, como campo abierto, como laboratorio de experimentación, como procedimiento, como red, como circuito, como canal, como escenificación, como sistema, como máquina, como caja negra, por acoplamiento, por ensamblaje, por montaje, por correspondencia, por organización. También opera como el plano de un diseño, como una carta de navegación, como itinerario accidentado, como la maqueta de una arquitectura efímera, como un mapa que no deja de experimentar alteraciones, que no acaba en su despliegue, pero que persiste en señalar dónde se ubican los elementos adheridos por afinidad. El caos y el azar también son una certeza asociativa.

c) Por su condición nomádica, en cada uno de los planos de lo circense hay circuitos caóticos que inevitablemente rozan, se oponen y cortan su flujo impulsivo, desestabilizando tramos de relaciones, perturbando procesos. Estos cortes de flujo abren intersticios como líneas de fuga que proyectan deslizamientos, aceleraciones, desmontajes, lanzamientos, desapegos, deambulaciones caóticas sin móvil y rutas de trashumancia hacia otros contextos de co-producción: de clase, de género, de casta, étnico, religioso, escénico, urbano, cultural, virtual, político, corporal, animal, tecnológico, comunicativo, deportivo, artístico, económico, territorial, ético, músical, filosófico, estético, simbólico, imaginario, performático, arquitectónico, objetual, médico, industrial, comercial, acuático, del vuelo, del movimiento, del riesgo, etc.

d) El imaginario circense elabora una identidad polisémica a través de un régimen de signos que no son exclusivos de este contexto, pero que a través de un proceso de asociación selectiva y rutinización histórica, se realzan para articular un acervo compuesto de discursos, prácticas, formas, hábitos y estéticas que proliferan en ese contexto de co-producción simbólica. De la misma manera en que esos signos se ligan, también se desligan, friccionan, se afectan y metamorfosean la imaginería, la mitología y la ritualidad circense.

e) El espectáculo circense se configura por afinidad escénica, desplegándose como una malla de fibras que al estar tejidas sin suturas se enlazan en un flujo que modula las multiplicidades dispuestas a operar como conjunto. Al mismo tiempo, este flujo impulsivo tienta persistentemente al desborde de lo circense, provocando líneas de fuga de cualidades hacia otros contextos de co-producción. 

f) Aunque existan tensiones y pretensiones de autoridad, en la escena circense no se sostiene la verticalidad de elementos ni las voces hegemónicas, no hay vinculaciones fundamentales, no hay singulares ni sustantivos más o menos relevantes, porque las ligazones se intensifican en conjunto y se distribuyen en planos extendidos. Lo circense se agrupa y resuena como enjambre.

g) A nivel relacional, lo circense se fortalece por la alianza de las partes diferenciadas que componen el contexto. Pero, las propiedades y los atributos que resultan de esa interacción no están presentes en cada una de las partes, sino que son una manifestación de un encuentro, de esa inercia colectiva. En tanto, no es pertinente señalar como circense la operación aislada de alguno de estos elementos en otro tipo de contexto, más allá de sus afinidades inter-contextuales, porque la cualidad de la entidad, al desterritorializarse, experimenta una metamorfosis, un agenciamiento que altera su condición. 

h) Lo circense sublima el riesgo corporal al movilizar el imaginario de la muerte como escenificación intensiva latente, como sobrevuelo circundante, periférico, nunca por aterrizaje escénico forzoso en el plano de lo real.

Fuera de cualquier consideración romántica, lo circense se define por las relaciones que se co-producen en su contexto; por el flujo inestable y contingente que se manifiesta en ese conjunto múltiple, nomádico, impulsivo e intensivo.

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*Investigador social y miembro de la cía. Suspensión Horizontal y del Colectivo de Artes Integradas Ladra.
** Deleuze, Gilles & Guattari, Félix. (1980). “Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia.” Valencia, España: Pre-textos, 2002. Pp. 18.
***Guasch, Ana María. (2000). “El arte último del siglo XX. Del posminimalismo a lo multicultural.” Madrid, Alianza Editorial. Pp. 382.
Imagen: un rizoma.