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Pop-filosofía: Deleuze escribiría en Hiedra

Iván Insunza escribe en Hiedra para revisar la noción de pop-filosofía en Deleuze y proponer algunos vínculos con ciertas resistencias a la lectura y la discusión.

 

La pop-filosofía es intensificación del afuera

 

Laurent de Sutter escribió un libro que se llama ¿Qué es la Pop-filosofía?, allí despliega alcances del concepto trabajado por el filósofo Gilles Deleuze y su modo de entender la práctica filosófica en relación a una filosofía universitaria, erudita y estática.

El proyecto inconcluso y hasta frustrado de Deleuze consistía en que los conceptos pudieran ser tratados como se escucha un disco, se ve una película o un producto de televisión, su circulación, disputa, confrontación. Un programa teórico que significara un real desafío para el pensamiento en cuanto escritura y lectura como conexión con el afuera del libro. Allí los rasgos del rizomático autor serían centrales: se trata de conexiones, pasajes, intensidades, líneas, puntos y fugas.

El estilo de la cualquier cosa sería ese afuera del libro donde puede conectar con diversas intensidades, la pop-filosofía no determina sus ámbitos de interés de modo previo, puede ser la cualquier cosa, el harapo, el bostezo por hambre, la sobriedad, la pobreza. Sólo hay estilo ahí donde uno habla en su lengua como si fuera extranjera, la de otro.

Teoría del libro, ontología de la intensidad, pragmática de la conexión y estilística de la cualquier cosa, eso sería la pop-filosofía. Hacer que la cualquier cosa deje de ser cualquier cosa, al mismo tiempo que lo sigue siendo. No se trataría por tanto de una pugna entre los objetos dignos y los indignos, no se trataría de centro y periferia de los problemas y los conceptos. La filosofía de la cualquier cosa es también la filosofía de cualquiera.

Y sí, la amenaza es más o menos evidente, el mercado es también la lógica de la cualquier cosa, de cualquiera (que pague). Para Deleuze la diferencia era clara, el marketing no crea conexiones, genera vacíos banales, o bien sus conexiones no generan multiplicidad sino venta de más objetos inútiles. Para Sutter el problema también es claro: si la pop-filosofía es la filosofía de cualquier cosa, también es la filosofía del marketing.

Para Deleuze se trataría de no confundir fuerza con victoria. La filosofía erudita sería un dispositivo de la victoria. La pop-filosofía es la derrota de esa filosofía, pero sigue siendo fuerza e intensidad, del afuera, de lo múltiple, de la conexión.

La cuestión, junto con ser un lugar de lectura contra el anquilosamiento de la jerga deleuziana en el presente, es un desafío para toda práctica intelectual que se proponga una mirada sobre el propio pensamiento como problema, más allá de sus rendimientos o economías disciplinares, dentro o fuera de la filosofía. Es también un desafío cultural.

Para mí es claro, vivimos tiempos del cierre, la academia sobre sí misma, las prácticas artísticas sobre su campo, las militancias sobre sus lecturas, las tomas de partido, las cancelaciones y la univocidad de los hashtags. Mientras el mundo se abre a punta de grietas, nos aferramos a las escasas certezas que, al menos, nos dejen en pie un pedacito de identidad.

Escritura y lectura por afuera del libro, apertura a la multiplicidad y no repliegue. Siguiendo a Alejandra Castillo diría: todas las lecturas, oblicuas, pero que nada quede fuera de la conexión. Siguiendo a Chantall Mouffe diría: discutir todos los argumentos de acuerdo a su densidad teórica y no a la condición moral de su autor. Siguiendo a Sebastián Pérez diría: la teoría será también sobre reguetón o no será.

La pop-filosofía nos arroja al desafío de un análisis pop-cultural que no es lo mismo que cultura pop. Sabido es que la distinción entre alta y baja cultura es hoy una pirueta retórica que rinde sobre todo, aunque no sólo, al interior de discursos conservadores levantados por los pocos círculos intelectuales y artísticos de la derecha.

La pop-filosofía nos devuelve a un problema central entre el rechazo a la academia y, en último término a la teoría, y la resistencia al abordaje de objetos, conceptos o fenómenos indignos de la altura intelectual de unos pocos bendecidos por vaya a saber uno qué varita mágica. Nos pone delante de todas las discusiones, mientras los argumentos sean lo que se pone sobre la mesa y no la pistola recién sacada del cinto.

Quien no lee a hombres por hegemónicos, no lee a heteros por normativos, no lee teoría por elitista, no lee ficción por mentirosa, no lee finalmente ni recetas ni números de serie, no es alguien que esté haciendo política en la soledad de su gesto, está siendo un sujeto moral que, para dicha de su mala gestión de la angustia, tiene poco por leer.

Nos devuelve también a un comunismo de las inteligencias, donde la cualquier cosa sometida a la lectura del cualquiera sólo pone como condición estar dispuesto a hacer el trabajo, tomarse el tiempo.

No sé, leí ¿Qué es la pop-filosofía? De Laurent de Sutter y me quedé pensando: Deleuze escribiría en Hiedra.

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Imagen: Deleuze en un mural de París.

Estudió Cine y audiovisual, es Actor (IP arcos), Magíster en Artes con mención en Dirección Teatral y Dr. - PHD (c) en Filosofía con mención en Estética y Teoría del Arte (U. de Chile - Universität Leipzig, Alemania).