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Es-cena común4: unísono, guía de memoria, teatro y colectividad

Jorge Cancino* escribe en Hiedra para relatar su experiencia en Es-cena común4** y compartir algunas conexiones.

 

«Todo espectador es de por si un actor de su historia»  Jacques Rancière

 

Alineada con el imaginario de Brecht y Artaud (que me perdonen los pulcros la atrevida comparación) Es-cena común (en todas sus versiones) se define como un laboratorio escénico culinario. Una serie de cohesiones sensoriales que buscan transmitir la memoria de un espacio patrimonial como la ex galería de reos de la ex cárcel pública de Valparaíso y de un hito social: la toma del Parque Cultural de Valparaíso en 2018.

Ya es de noche y un grupo de futuros comensales esperamos afuera de la entrada a la ex galería de reos del Parque Cultural. Una mujer vestida formal sale a recibirnos, acusa que el Gobernador nos espera, al tiempo que desde una reja lateral y subido sobre ella alguien nos da la bienvenida con la alegría de recibir compañía luego de horas de soledad. Pide ayuda, hay que servir una gran mesa, necesita a dos personas, nadie responde, busca con la mirada, apunta, dirige y selecciona. Nos tienta con la posibilidad de no pagar la entrada, dos acceden, nadie parece estar incómodo. No ha sido una interpelación brusca ni acusadora. Al contrario, hubo una invitación con picardía, en un tono cordial y humilde. Acabamos de conocer a alguien simpático ¿cómo no ayudarlo a servir la mesa?

El resto entramos con el sentimiento culpable de no haber accedido de inmediato a la petición. Alguien habla desde arriba, una voz solemne de orador profesional: es el Gobernador que, vestido como en la vieja política de mediados de siglo, nos da un discurso con la misma impronta. Mientras desciende por la escalera nos habla del avance que significa la inauguración de esta galería de reos. Nos pide seguirlo y por instinto lo hacemos, nadie pregunta, es muy convincente. Un pasillo oscuro, una fila de personas, desde arriba voces de guardias toscamente nos indican que no nos distanciemos, ellos si nos interpelan. Estamos en medio de una transición ¿somos reos ahora? El paso invitado/reo ha sido sutil y difuso, dos palabras que se hacen transversales a la experiencia. Llegamos a un patio, un par de reos nos recibe, nos contextualizan social e históricamente haciendo notar la alegría que es recibirnos. Volvemos a ser invitados. Han preparado churrascas y mate, las bandejas corren por entre nosotros y un par de mates circulan con la única instrucción de “pasarlo a la izquierda”. Hace frío, pero las 3 fogatas encendidas lo apagan.

La obra o experiencia teatral (parece más acertado), mantiene un constante influjo de transiciones sutiles pero notorias. Eres invitado, reo, artista, miembro activo de una toma y comensal. Hay un fuerte ejercicio de liminalidad en esto, un tránsito desde quienes ingresamos por ese oscuro pasillo y quienes volvemos a nuestras casas.

El espectador debe ser sustraído de la posición del observador que examina con toda calma el espectáculo que se le propone, nos dice Rancière. Hemos sido sustraídos del mero puesto de observadores, ya no somos voyeristas, participamos voluntariamente, nos impregnamos del discurso que nos llena como el plato de porotos que cada uno se levantó a recibir de una olla común: somos compañeros de armas. Se nota un atisbo de colectividad, como la que nació en 2018 en la toma del PCdV y que desencadenó esta esa serie de experiencias teatrales hiladas a punta de comida deliciosa ¿habrá un acto más vivo y democrático que comer?

Mitad de la cena, escuchamos desde una habitación contigua los gritos de alguien siendo torturado, ordenes de su captor, unos perros que se colaron con nosotros le ladran a la violencia, vuelven a la mesa y se pasean por nuestras piernas, uno aprovecha un asiento libre y se sienta, son grandes actores. Siguen los gritos, nos miramos entre todos como diciendo ¿está pasando esto? En un acto reflejo muy humano nos cohibimos, no nos atrevemos a preguntar, lo dejamos pasar tal como parecen hacerlo nuestros anfitriones: donde fueres has lo que vieres, dicen en el campo.

Se interrumpe la cena. Dos de los comensales relatan de forma testimonial su participación en los inicios del PCdV. Escuchamos, empatizamos, pero principalmente aprendemos: la ex cárcel fue rescatada de la sed corrosiva inmobiliaria que visualizaba hermosas áreas verdes, barrio residencial, ambiente familiar. Pero sobre todo articuló una colectividad desconocida como la que acabamos de formar nosotros como asistentes.

El teatro es una asamblea en la que la gente del pueblo toma conciencia de su situación y discute sus intereses, dice Brecht. Es ritual purificador, afirma Artaud. Somos conscientes, somos purificados, el velo de la vorágine vital que el capitalismo ha creado no se sienta a la mesa con nosotros, no comparte porque acá nos diluimos como individuos.

Irrumpe una murga con la misma violencia del torturador que invade el espacio, se corren las mesas que ahora son plataformas de baile. Se reparte vino navegado, uno de los reos ofrece una tapa de canelita. La obra ¿cuándo acaba? No lo sabemos, tampoco lo sabremos. La murga acaba, el hilo narrativo difuso parece haberse cortado. Nada nos indica que debemos irnos, al contrario, nos acercamos al fuego, hablamos con los actores de la experiencia recién vivida, del experimento, de la toma, de la vida, nos damos los números.

Actualmente el colectivo prepara una nueva entrega (Es-cena común5: Un casorio mal orquestado, 12 de octubre, 21h), mientras a ratos comparte por las redes el proceso creativo con nosotros como una nueva invitación a reunirnos en torno a la comida, la memoria y las vivencias.

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*Investigador, Licenciado en Historia, PUCV y cursando Magíster en Teoría e Historia del Arte, U. de Chile.

**Este cuarto capítulo de Es-cena común ha sido dirigido por Marco Trigo, actor y dramaturgo.

Producción general: Marco Zambrano Portigo

Elenco y cocina: Miguel Muñoz, Pita Torres, Gonzalo Díaz, Lázaro Bravo, Arnold Lein Isolda Torres, Viki Guzman, Gabriela Paz, Claudio Díaz, Frederick Soto, Alexander Castillo

Alegran: Comparsa La Gritona