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Periodismo tutelar

La victoria del apruebo en el reciente plebiscito chileno 2020 dio lugar a festejos a lo largo de todo el país. Pero esa fiesta, cubierta ampliamente por los medios, sucedió a condición de otro hecho que no habría que olvidar, nos dice Sebastián Pérez Rouliez.

 

Cuando se confirmó la aplastante victoria del Apruebo la prensa nacional e internacional cubrió el hecho con diferentes artículos cuyas fotos de portada eran más o menos similares: diferentes encuadres de los festejos en Plaza de la dignidad. Tal como cuando un país gana alguna final mundial, las imágenes dejaban ver una celebración masiva con familias completas, gente gritando y bailando, personas llorando por la emoción, en fin, todo un paisaje festivo cuyo fondo era coloreado por fuegos artificiales, bengalas y banderas.

Con esa postal se daba cuenta de que lo que había ocurrido allí era una fiesta. El periodista de CNN Chile, Max Frick, incluso se arrogó la representación de las mayorías y afirmó que lo sucedido esa tarde noche era “lo que siempre habíamos querido ver, gente celebrando pacíficamente, manifestándose, familias completas saliendo a la calle desde aproximadamente las seis de la tarde con un comportamiento ejemplar”.

Hemos visto este tipo de abordaje periodístico cientos de veces. Pero no importa cuantas veces se repita, sigue molestando el tono tutelar y autoritario con el que los medios “oficiales” suelen cubrir las protestas. Digo tutelar porque las protestas y los protestantes no tienen por qué responder a los estándares personales de ningún medio ni ningún periodista ni ser ejemplo para nadie. Y digo autoritario porque ese modo de relatar hoy se impone transversalmente en los medios, omitiendo hechos que, en este caso, antecedieron el ambiente de fiesta ese 25 de octubre en Plaza de la Dignidad.

Es cierto que hubo una gran fiesta, pero no es cierto que la gente se haya podido manifestar en paz desde las seis de la tarde. Muy por el contrario, a eso de las 18 hrs, horario que indicó el periodista, lo que se ve desde la cámara de Galería CIMA son dos carros lanza agua disparando contra los manifestantes en el lugar e IMPIDIENDO que puedan juntarse a celebrar. El ambiente festivo comenzó a tener lugar recién una hora después, en este momento, cuando cientos de personas corren hacia la Plaza de la Dignidad cerca de las siete de la tarde, luego de la retirada de las Fuerzas Especiales.

Por alguna razón el periodista de CNN Chile ignoró todo lo que sucedió durante esa hora. ¿Qué sucedió durante ese tiempo? Una serie de confrontaciones entre manifestantes y la policía hasta que esta última se retira. Entonces la plaza fue ocupada del modo en que la prensa lo retrató. Con los cantos, saltos y bailes.

Notar estos hechos es de máxima relevancia, primero, porque no contarlos es faltar a la verdad. Segundo, porque estos hechos condicionan la supuesta objetividad del relato periodístico, develando el sesgo interpretativo. Conocemos de memoria esta operación discursiva: dulcificar las protestas celebrando las que no supongan un conflicto real ni con el orden ni con el poder y criminalizar u omitir las que si lo hagan.

Si se relatara correctamente los hechos de ese domingo, se debería notar la relación causal entre la reacción violenta contra la injustificada y desproporcionada represión policial, y aquella manifestación festiva. Secillamente no habría habido “protesta ejemplar” sin la insistencia por ocupar ese espacio por parte de los manifestantes pese a la represión. Y esa ocupación por supuesto que no fue gentil, dialogante ni en pacífica. Tampoco lo fue la evasión del metro en octubre de 2019 que dio lugar a la revuelta y al plebiscito que hoy tanto celebran algunos medios.

Imagen: captura de pantalla de la transmisión en vivo de Galería a Cima durante otra de las tantas protestas reprimidas.

Actor, Universidad Mayor. Magíster © Teoría e Historia del Arte U. de Chile.