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La Respuesta: ¿realidad o espectáculo?

Fuimos a ver “La Respuesta”. Estamos frente a una obra que permite reflexionar sobre cómo operan los medios de comunicación haciendo un paralelo con un hecho catastrófico bien conocido en estas tierras.

De todas las historias que nos dejó el terremoto de Valdivia en 1960, una de las más brutales, conmovedoras y que mejor evidencia las brechas sociales, culturales y económicas de ayer y hoy, fue la del sacrificio de un niño mapuche en la Comunidad de Collileufu del lago Budi.

La historia en cuestión dice relación con que el poderoso terremoto/maremoto y sus posteriores réplicas, habrían reactivado una serie de creencias mitológicas en la comunidad, particularmente la de Ten Ten y Kai Kai, lo que derivó en el sacrificio del kuñifall Luis Painecur.

Lo que los medios de prensa hicieron en esa oportunidad no dista demasiado de lo que harían hoy –la tradición pornográfica y racista es una-, siendo tal vez lo más distintivo cierto descaro de la época en el uso del lenguaje. El juicio por su parte, fue una muestra más de la ya histórica relación entre Chile y el pueblo mapuche: entre condenas y absoluciones, lo que terminó quedando en evidencia fue un Estado incapaz de integrar la diferencia en tanto que diferencia, siendo en definitiva el primer responsable (y último culpable) del abandono de aquellos “bárbaros”.

Cuando la obra La Respuesta nos cuenta la historia de dos mujeres campesinas que reciben a un equipo de cineastas que ha venido a grabar el desastre que se vive en el sur para armar un documental que muestre al mundo el tamaño de la catástrofe, lo que vemos es una ficción que, -como si estuviera enterada ya del ineludible peso de la realidad-, se propone reflexionar desde un lugar mucho más discreto (atractivamente discreto) sobre el espacio de los medios de comunicación de ayer y hoy.

Para ello trama una narración que a partir de un documental real (“La Respuesta” de Leopoldo Castedo), reflexiona en torno a varios tópicos que han atormentado al periodismo y el cine documental: ¿cuándo se está siendo verídico con la información? ¿Se puede embellecer la realidad con fines cinematográficos? ¿Hasta dónde se manipula un hecho para que sea noticioso? Estas preguntas, -que se supone se dan en otro estadio del periodismo nacional, más interesado en cumplir un rol en la conformación de una identidad nacional-, son las que rondan las conversaciones entre el equipo y el grupo de campesinos.

¿Cómo hacer más interesante el relato de la catástrofe para que el mundo se entere de lo que sucedió en Chile? En la obra, el equipo de cineastas finalmente logra hacer un emotivo documental exacerbando la tragedia vivida, pero para entonces ya no solo se trata de la cruda realidad campesina de los sobrevivientes de la catástrofe y sus condiciones de precariedad en que esta gente se encontraba: la realidad ha sido alterada.

El dilema ético que se abre bien encuentra su paralelo contemporáneo en otro hecho catastrófico: la imagen del niño sirio muerto en las costas de Turquía es la continuación de aquel altar montado por el equipo (en complicidad de ambas mujeres). La enfermedad es la misma, aunque tal vez ahora estamos en el punto de no retorno: la espectacularización de la vida como imagen sin fondo.

La Respuesta permite reflexionar sobre cómo operan los medios de comunicación haciendo un paralelo con el pasado, pero sin anticipar juicios. En ello reside ese encanto discreto que bien se acompasa con el diseño escénico y las buenas actuaciones.

Ficha Artísica

Dramaturgia y Dirección: Franco Toledo
Elenco: Andreina Olivari, Jacinta Langlois, Rafael Contreras, Pablo Manzi, María Paz Grandjean, Guilherme Sepúlveda
Asistencia de dirección: Antonia Bannen
Diseño integral: Los Contadores Auditores
Músico: Ricardo Zavala
Registro audiovisual y fotográfico: Alejandra Bitrán
Producción: Katy Cabezas
Encargada de prensa: Verónica Correa

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